lunes, mayo 05, 2008

Iron man (2008)


Cada vez que me enfrento a una superproducción (o producción a secas) basada en superpersonajes propiedad de la Marvel se reaniman en mí los mismos temores. Aún no había llegado la peli de entretenimiento puro y para todos los públicos que, en mi opinión, diera en el clavo con las exigencias del espectador. Los creadores de largometrajes basados en superhéroes, hasta el momento, nos han tratado como idiotas y en el mejor de los casos han producido cintas mediocres, carentes de la más mínima originalidad o cariño por el referente a adaptar. La lista de pelis fallidas es larga y sangrante, creando una atmósfera de conformismo entre los aficionados tan extendida que al final da la impresión de que nos vale cualquier cosa.

La mayor parte de estas apuestas contienen sobredosis de efectos especiales, fotografía multicolor (incluso en situaciones que no lo piden) y personajes arquetípicos. Todo ello envuelto en un trapo con tufillo a robo, de tan evidentes que resultan sus ínfulas de comercialidad. Iron Man no vive al margen de esta tendencia y demuestra claramente su intención de llegar al gran público en casi cada una de las secuencias del filme (una peli en la que matan a un montón de gente pero en la que no se ve ni gota de sangre) Superando ampliamente la calificación por edades.

Sin embargo hay algo en Iron Man que es diferente, algo ausente en la mayoría de apuestas anteriores (al menos desde mi punto de vista) y esa es su capacidad para entretener. El ritmo que John Favreau le imprime al filme es extraordinario y muchos de los lugares comunes de este tipo de pelis son revisitados con éxito. Exceptuando el estupidificante mensaje moralista de la cinta, se puede decir que nada chirría en Iron Man, y eso es un punto a favor del que no goza casi ninguna de sus películas hermanas.

Robert Downey Jr. está perfecto en su papel de Hombre de Hierro. El politoxicómano actor da vida a un genio multimillonario y excéntrico mucho más parecido a la versión ultimatizada del personaje parida por Mark Millar que al Tony Stark clásico que conocimos en los tebeos de toda la vida. La pasión que ambos (personaje y actor) demuestran en ciertos momentos por el alcohol es prácticamente evitada en la película, aunque no borrada del todo ya que la primera toma de la peli nos muestra al mítico Downey Jr. con un güiscazo en la mano (detalle realmente cachondo, para que negarlo).

Otro de los puntos fuertes, al margen de las clásicas peleas superpresupuestadas (todo es muy súper en la peli) que no resultan demasiado confusas en esta ocasión, detalle muy de agradecer, es la relación entre Tony y su secretaria Pepper Potts. Gwyneth Paltrow está realmente impresionante. Guapísima de pelirroja y ejecutando con naturalidad el papel de abnegada y sempiterna enamorada del héroe despistado. La relación sentimental con más gancho mostrada en una de supers hasta el momento (cosa que no es ninguna hazaña por otra parte) sin ninguna duda.

Otro elemento muy a favor de la peli es el de Jeff Bridges en el papel de villano, aunque en la peli se le vea venir a kilómetros. El nota se sale en cada papel que acepta, y esta vez no iba a ser menos.

Iron Man, la película, es bastante fiel al personaje del papel. Retoma los orígenes del héroe (contados en mil y un ejercicios de retrocontinuidad) y los readapta de forma convincente. Por otro lado el uso de la tecnología está presentado de forma creíble y convincente dentro del marco del personaje que tenemos entre manos.

En definitiva, y ya que los puntos en contra de esta peli son los típicos de este tipo de producciones, se puede decir que Iron Man es la mejor cinta del género vomitada en el siglo XXI (que tampoco es decir mucho) Se le puede echar en cara el mensaje moralista del todo insultante, pero mejor hacer oídos sordos y disfrutar con el espectáculo.

¡Ah! Una última cosa… ¡MUY IMPORTANTE QUEDARSE HASTA EL FINAL DE LOS CRÉDITOS!

Dictamen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

lunes, abril 28, 2008

Mystery men (1999)


Porque lo habéis pedido: ¡Mystery men! ¡¡¡Mua-ja-ja-ja!!! ¡Dios, que me pongo rabioso! Ejem, no estoy seguro de si la ocasión merece tal estado de exaltación, pero bien es cierto que la película de Kinka Usher, parida allá por el año 1999, es muy querida por cierto sector del público aficionado al cine, en el que los devotos del noveno arte (y más concretamente de los justicieros en mallas) nos encontramos casi por definición.

En los años setenta Bob Burden publicaba los tebeos de Flaming Carrot bajo su propio sello, Kilian Barracks. La pequeña empresa editaría el cómic creado por él mismo de forma independiente hasta que Dark Horse (la tercera en discordia) se hiciera con los derechos del personaje años más tarde. Las aventuras humorísticas del héroe con cabeza de zanahoria (y llameante) trascendían más allá de lo meramente cómico, al menos en la mente de su perturbado creador, más inclinado a identificar su obra con el surrealismo o con Bob Dylan que a referirse al humor absurdo (ahora Chanante) de toda la vida.

En los números 16 y 17 de la colección, Burden introduce por fin a los Mystery Men, protagonistas de la cinta que tenemos entre manos. Según el mismo artista dice, y como tantas otras veces ha ocurrido, el exitoso grupo de superhéroes desastrosos fue creado con la intención de reanimar el poco éxito de otra serie, con un alcance mayor del esperado. Corría el año 1987 y los Mystery Men ya desbancaban a La Zanahoria de Fuego en popularidad.

Los personajes ideados en su momento son trasladados a la pantalla grande años más tarde con mayor o menor fidelidad. En la peli tenemos a El Pala, como en el cómic, aunque en aquellos su pala cantara. Se trata de un superhéroe con casco de minero y pala para repartir mamporros como equipo ¡tremendo! El personaje que interpreta Ben Stiller, El Hombre Furioso, y el lanzador de gases (Tira-pedos) también estaban entre los primeros Hombres Misteriosos. Antihéroes de una realidad paralela en la que los superhéroes no son algo excepcional, al más puro estilo Watchmen pero olvidando la parte dramática del asunto.

Tal y como ocurre en el cómic los Mystery Men irán engrosando sus filas a medida que avanza el metraje. De entre la disparatada lista de personalidades y superpoderes destacan, a mi modesto entender, El Rajá Azul y El Chico Invisible: el primero no viste de azul y lanza tenedores con gran destreza, y el segundo sólo es invisible cuando nadie le mira (¡¿?!). Por otro lado, la relación entre Claire Forlani (la damisela en apuros de la peli) y Ben Stiller tiene su momento álgido cuando Roy asume que en realidad no tiene demasiada mala leche ¡Grande! Toda esta ralea de personajes unida a algunos exóticos héroes más, como la intrépida mujer que carga con la cabeza de su padre dentro de una bola de bolos o el excéntrico diseñador de armas que no matan, conforman uno de los más heterogéneos y divertidos supergrupos que se recuerdan.

Mystery Men es una película sin pretensiones (al parecer, muchas menos que las del cómic) y llena de ideas muy divertidas. A la panda de supes desastrosos se le une un villano de altura interpretado por Geoffrey Rush: ¡Cassanova Frankenstein, que nombre más glorioso! Además del único superhéroe verdadero de Champion City, El Capitán Asombroso (con un descacharrante final imposible de olvidar) Llegados a este punto, la sucesión de gags más o menos acertados es continua, así como los guiños y referencias a los tebeos de superhéroes de toda la vida.

Personalmente creo que el resultado final es más que correcto y bastante por encima de las antipáticas aventuras vomitadas por Bob Burden sobre el papel. Al menos en lo que a la zanahoria de los #$%&=* se refiere, que como veis no he logrado digerir con facilidad. Aunque siempre viene bien comparar con el referente literario, diría que en esta ocasión la diversión sin complejos de la peli supera a la absurdez sin gracia del original. Opinión ésta quizá un tanto deformada por la ingesta acelerada y masiva de los tebeos que aquí se comentan.

Dictamen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!



viernes, abril 18, 2008

La venganza de Lucas - Episodio VI: No es verdad Angel de amor...

La venganza de Lucas regresa meses más tarde para seguir destrozando la poca dignidad que aún pudiera albergar el infante pre-Vader. Dos referencias visitadas una y otra vez: El ataque de los clones y las pretensiones románticas del joven Anakin en aquel.


¿Alguien recuerda (quizá en sus pesadillas) aquel banquete en el que el ex-esclavo de Tatooine se pone a juguetear de forma irritante con sus poderes Jedi para impresionar a su pretendida princesa? Por lo visto el niñato no sabe que no se debe jugar con la comida y se pone a mangarla con la Fuerza y una pera... y encima con esa infumable sonrisa incrustada en su cara en todo momento ¡Arghhh, pero qué puta mierda es ésta! Al final se te quitan las ganas de probar la fruta intergaláctica de por vida.

¿Y aquella secuencia en la que cabalga una especie de pulgón gigante y herbívoro para luego retozar por el suelo con su amada? ¡Qué escalofríos! Votada por muchos como la peor escena de toda la trilogía, y ya es decir...
EDITADO: Y como bien comenta Kike, en el breve rodeo sobre pulgón el tío se juega la vida... ¡Hay que joderse!

Detalles románticos que dejan magníficamente retratado cómo Anakin se transformó en Darth Vader para salvar a la galaxia de su propia estupidez.

martes, abril 15, 2008

Rocketeer (1991)


Dave Stevens, creador de Rocketeer, falleció el pasado día diez de marzo a la demasiado prematura edad de 52 años. Las aventuras del Hombre-cohete, seguramente su creación más popular, conocieron una adaptación al cine en al año 1991, proyecto en el que el propio Stevens participó en labores de producción. Desde aquí queremos rendir un particular y humilde homenaje a su figura revisando una cinta que pasó bastante inadvertida en su momento y que es necesario rescatar.

Joe Johnston, director definitivo de la película, siempre se declaró fan de los tebeos de Dave Stevens. El estilo retrofuturista (un término del que hablaremos más adelante) ambientado en los años treinta y muy relacionado con el ámbito de la aeronáutica encajaba a la perfección con su conocida filia por el mundo de los trastos voladores (en especial los de esa época) justo antes de que los aviones a reacción restaran un importante halo de romanticismo al mundillo.

Tras un periodo de pleitos y problemas durante los que el proyecto iba y venía con cambios en la dirección y sufridas vueltas y revueltas al libreto, finalmente la Disney otorgó el proyecto a Johnston. Fiel al espíritu del cómic que Stevens había creado allá por el año 1982, Johnston intentaría recrear ese ambiente de hangar y aviones a hélice tipo años 30 con todas sus fuerzas. La sencillez e ingenuidad connatural el cine de aquellos tiempos está intacta en Rocketeer, tanto como lo estaba en los tebeos, y la pretensión de ampliar el espectro de la época más allá de garajes y gángsteres también existe en la cinta. Todo el metraje está plagado de referencias iconográficas de aquella época, como el aspecto de Betty Page que luce una jovencita Jennifer Connelly (con un estilo pin-up que también haría famoso a Dave Stevens) el descarado parecido que Timothy Dalton presenta con Errol Flyn o la inclusión de Howard Hughes en la trama como creador de la mochila cohete que los nazis pretendían robar (y no fabricada directamente por ellos como en los cómics)

Los 35 millones de dólares que la compañía del ratón Mickey malgastó en esta peli se hacen notar en cada segundo del metraje. La ambientación, el atrezzo y los vestuarios hacen justicia a la categoría de superproducción que alcanzaría el presupuesto de la película. Los efectos especiales del vuelo con motor (a la espalda) serían lo más revolucionario de la cinta, muy comentados en aquellos tiempos y salidos directamente de las oficinas de Light & Magic, empresa de FX propiedad de George Lucas.

A pesar de la corrección formal y de la muy de agradecer elección clásica a la hora de rodar, Rocketeer se queda a las puertas de ser una gran película. Lo cierto es que la cinta inspira ciertas dosis de frialdad a pesar del cariño invertido por sus creadores. Se puede decir que todo es demasiado correcto en ella, sin sobresaltos, sin nada que reprochar pero tampoco nada que haga que se nos ponga la piel de gallina. Todo está en su sitio en Rocketeer y sin embargo le falta algo, una chispa que no sabría explicar.
Quizá uno de los defectos que se le podrían achacar es no haber explotado con más fuerza el potencial de la estética retrofuturista comentada más arriba, aquella que propugna escenas del futuro imaginadas en el pasado. Género moderno que hasta ahora sólo ha logrado cotas altas de calidad en la versión en cómic de La liga de los caballeros extraordinarios.

En definitiva, Rocketeer es una buena peli a la que le falta un poco de sal y pimienta para ser grandísima. Aún así el resultado final fue muy del gusto de Dave Stevens, al que desde aquí abajo mandamos un saludo.

Dictmanen: II


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

jueves, abril 10, 2008

Elektra (2004)


¿Qué decir de Elektra? Quizá la peor cinta basada en personajes Marvel y, sin duda, la menos afortunada de la nueva hornada de supes en el cine (Con permiso de El motorista fantasma) El suicidio creativo de Ron Bowman es escandaloso. Me pregunto qué le ofrecieron, o de que modo transcurrió el rodaje para parir un engendro así. El director tejano, quien había logrado cosechar cierta simpatía entre el público aficionado al fantástico gracias a su contribución en Expediente X y a su anterior película como director: El imperio del fuego, no hizo, al parecer, sino cerrar los ojos y apretar los dientes para rodar un guión horrible con actores de televisión, escasa libertad creativa y muy pocos medios. Porque si bien es verdad que la película tiene una puesta en escena aburridísima y un sentido del ritmo lamentable (deficiencias reprochables al director) también es cierto que el absolutamente horroroso guión no daba pie a demasiados excesos.

Zak Penn y Raven Metzner escriben una historia ñoña, estúpida y aburridísima. Elektra, personaje secundario introducido por Frank Miller en un ejercicio de retrocontinuidad para el número 168 USA de la serie regular de Daredevil, es ahora una asesina a sueldo pero de buen corazón ¿? La pareja de guionistas se pasa por el forro casi todos los planteamientos originales del personaje creados en su día por el ignominioso Miller, y los que no, los mezcla de forma absurda en un remolino de incongruencias. Por ejemplo, Piedra, el mítico ninja discípulo de Stick, es ahora un villano al servicio de La mano, interpretado por nada más y nada menos que ¡Bob Sapp! el celebre ex-jugador de football americano y luchador de K-1. Kirigi aparece totalmente deslavado y otra de las villanas se hace llamar Tifoidea (la María Tifoidea, supongo, de los cómics de Daredevil) El líder de La mano (Roshi) recrea un papel sin importancia en el guión que ni siquiera queda atado, pensando quizá en la continuación. Y para rematar la faena Elektra debe proteger a un par de personajes (padre e hija) sin sentido alguno; A la hija debe cuidarla cual canguro y del padre se enamora en una especie de trama semiromántica infumable.

El famoso productor Avi Arad ya comentó en su día que se habían equivocado al plantear el proyecto Elektra. Supongo, y más aún observando la tendencia actual, que se arrepiente de suavizar un personaje duro y adulto para convertirlo en una especie de niñera con buen corazón, intentando captar así a un mayor espectro de espectadores potenciales. La bofetada en la cara que ha supuesto la sangrienta y exagerada 300 para la industria de Hollywood ha propiciado, en cierto modo, un cambio de perspectivas en este sentido, llegando a afirmar el mismo Arad que se lanzarán a por la secuela de Elektraen cuanto la gente se olvide de la primera entrega’.
Puede que Stick sea el único personaje en el que se aprecian (muy levemente) sus características iniciales, demostrando así que el guión desprecia totalmente la inteligencia de los lectores, no sólo por no respetar las tramas, sino por confundir y malversar la esencia de los personajes (y encima para mal porque la película es horrible)

Desde aquí siempre hemos defendido que cine y cómic son dos medios diferentes, quedando claro que la fidelidad al referente literario no es en ningún caso sinónimo de calidad. Sin embargo, parece más sangrante cuando una cinta destruye los planteamientos iniciales de un cómic para convertirlos en algo tan ñoño y absurdo. El verdadero problema es que la peli es mala, pero el haber disfrutado anteriormente del original hace que duela más.

Por otro lado, los FX y el diseño de producción del rollo son horrorosos, rozando el telefilme. A mí personalmente el traje de Elektra me parece inaceptable, aunque sea muy escotado y, esta vez sí, vaya de rojo.

En definitiva, este Spin-off de la también absurda Daredevil cuenta desde ya con el no demasiado honroso honor de ser una de las peores películas comentadas en este blog... ¿o no?

Dictmanen: 0


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!



sábado, abril 05, 2008

Superman II (1980)


Después de repasar la primera entrega de las aventuras de Superman, en esta ocasión vamos a centrarnos en su hermana pequeña, Superman II. La película dirigida por Richard Donner y rematada por Richard Lester se filmó simultáneamente a la primera cinta (al menos en su mayor parte) en un proceso de producción rodeado de de múltiples sinsabores.

Después del éxito de Superman en 1978 aún quedaba por rodar una pequeña parte de lo que sería su secuela. Llegados a este punto, y con los bolsillos llenos de dólares, los productores Alexander e Ilia Salkind proponen a Donner una serie de cambios en la historia que el director americano no aceptará. Desvinculado del proyecto, Donner cede el testigo a Richard Lester, quien reinventa la película de acuerdo a las exigencias de los Salkind, refilmando más de la mitad del metraje y convirtiendo Superman II en esa pieza tan freak, tan aplaudida y tan inclasificable que hoy día conocemos.

La trama gira entorno a los tres proscritos del planeta Kripton que Jor-El juzgara al comienzo de la primera peli. El general Zod, Ursa y Non escapan de la Zona Fantasma por obra y gracia de una bomba H depositada por el propio Superman en el espacio. En la versión de Donner, esta secuencia unía la peli directamente con la primera, siendo el proyectil nuclear que Superman ponía en órbita en aquella el que liberaba a los villanos. Lester sustituyó esa escena por el delirante rescate en la Torre Eiffel, bomba H manejada por terroristas torpes incluida.

Las escenas rodadas por Lester hacen hincapié en los aspectos cómicos de la cinta, que contrastan con el carácter oscuro y pesimista de toda segunda entrega que se precie. Aquí Superman se enamora y decide voluntariamente perder sus poderes para poder vivir una vida normal junto a Lois, poderes que recuperaría sin muchas explicaciones, seguramente debido al lío de montajes y remontajes que sufrió el proyecto. Llegado el momento, Clark recibe una buena tunda a manos de un humano cabreado, mostrando la cara más indefensa del héroe.

La visión que Lester y los Salkind tenían del Superhombre incluía otorgarle nuevos poderes (como si no tuviera suficientes) Algunos totalmente estrafalarios e inolvidables, como aquella S enorme de celofán con la que El último hijo de Kripton atrapa a Non; y otros totalmente indescriptibles y válidos únicamente como lazo para asegurarse innumerables secuelas, como el beso que borra memorias ¡Para mear y no mojar!
Detalles tan delirantes como estos, unidos a las precursoras secuencias de violencia a gran escala entre supertipos y a la solemne interpretación de Terence Stamp como General Zod (repitiendo una vez tras otra “¡Arrodíllate ante mí!”) hacen que Superman II sea una delicatesen sólo apta para paladares prevenidos y adaptados.

Los actos rodados por Donner (los que no se perdieron) han sido remontados recientemente por el propio director para una edición especial en DVD. Llenando algunas lagunas con segmentos filmados por Lester, Donner compone una película prácticamente nueva de la que seguramente podría hablarse por separado.
Quizá el elemento más importante de esta nueva cinta (digna de verse, os lo aseguro) es la reincorporación de las secuencias en las que aparece Marlon Brando como Jor-El, eliminado de la peli originaria supongo que por temas de parné. En la versión de 1980 sólo podíamos ver a Lara, madre del kriptoniano, en La fortaleza de la soledad… situación que cortaba en cierto modo la continuidad con la primera entrega, restablecida así en el montaje del director.

Concluyendo, Superman II es una joya freak que muchos no podemos despreciar e incluso no nos queda más remedio que encumbrar. Y si eso no es motivo suficiente para otorgarle un revisionado siempre queda la versión del director, con altibajos connaturales a la falta de metraje, pero muy interesante en cualquier caso.

Dictmanen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

jueves, marzo 27, 2008

Teaser-trailer: INFERNO (Zombifica2)

The trappers pictures presenta:



Próximamente...

lunes, marzo 17, 2008

Gritos en el pasillo (2006)


En una época en que prevalece el uso indiscriminado de la CGI en el campo de la animación, soslayando cualquier atisbo de argumento en pos de una parafernalia multimediática completamente vacua, es de agradecer que todavía exista un reducto de creadores que opten, ya no por basar su obra en un argumento premeditado y plausible, si no también por hacer uso de técnicas narrativas mucho más artesanas, como en el caso de los lápices de colores de Bill Plympton o los desasosegadores títeres de los hermanos Quay. O los cacahuetes de JuanjoRamírez y compañía, sin ir más lejos.

Clamar en el pasillo

En pleno siglo XXI, la realización de una película de animación teniendo como protagonistas a unos cacahuetes, es, directamente motivo de elogio. Y no sólo por la originalidad y genialidad de la idea, presupuestamente surgida de la falta presupuestaria que obliga, sí o sí, a una prolífica explotación de células grises, sino, sobre todo, por su resultado final, simplemente delicioso, ya que recoge los principios básicos de la animación, adaptándolo a sus necesidades, llegando a conseguir que el espectador llegue incluso a emocionarse con meros frutos secos maquillados.

A esa tarea de transferencia emocional ayuda muy mucho los cuidados decorados, herederos directos de la imaginería expresionista alemana de principios del siglo pasado y del burtonianismo más creativo y oscuro, que consiguen reforzar una sensación de desasosiego que va, inevitablemente, in crescendo, gracias a un argumento sólido y bien construido.

24 imágenes por segundo

La rusticidad plástica de la animación de Gritos en el Pasillo nos retrotrae al guignol de antaño, efectista y engañoso, a la par que imaginativo y mesmérico. Y es que uno, durante el visionado, no llega si quiera a plantearse el cómo y el por qué del hecho que unos cacahuetes puedan campar a sus anchas por la pantalla. «E pur si muove!» que afirmaba Galileo. Posteriormente, al contemplar el making off, descubrimos todas las argucias de las que han tenido que hacer uso los creadores para llevar a buen puerto su empresa y, una vez más, no podemos más que admirarnos ante la imaginación y la inventiva de la que hacen gala, para, una vez más, con elementos de la cotidianidad diaria, conseguir una serie de artilugios que les posibilitara insuflar vida a los encascarados protagonistas.

Factores diferenciales

La conjugación de los géneros de terror y comedia nunca ha sido plato de fácil preparación y digestión, al menos dentro de nuestras fronteras, debido a la falta de hábito y a la incontinente ola de correctismo político que ha destrozado el imaginario colectivo fomentado por el bagaje histórico-social. Así mismo, no es un terreno donde los creativos tiendan a campar a sus anchas pues supone una sobredosis de dificultad intrínseca para con ambos dos géneros, a lo que hay que añadir una búsqueda del equilibrio entre el espanto y la risa en su justa medida, cosa que Gritos en el Pasillo logra holgadamente.

Así mismo les de agradecer que la pequeña artesanía sea capaz de romper esos esquemas que las grandes y medianas producciones animadas han preestablecido, consiguiendo esa amasijo ingente y descontextualizado, donde uno casi ya no sabe diferenciar un personaje de otro, más que por el título de la película en la que se halla adscrito. Por el contrario, Gritos en el Pasillo pertenece a ese cine que destaca por su propia mismidad gracias a esa serie de características comentadas, conformando una pequeña gran cinta, que esperemos, el tiempo sepa colocar en su debido lugar.

Y mientras tanto, esperaremos con deliciosa ansiedad el estreno del segundo largometraje del mostrenco Ramírez, Zombie Western entonando la tonadilla de Bob Esponja que afirmaba aquello de «Soy un cacahuete / Eres un cacahuete / Todos somos cacahuate / Cacahuate, cacahuateee».

Dictamen: IV




(*) Podéis leer una extensa entrevista a Juanjo Ramirez aquí.

Monográfico: John Carpenter (Parte VI) Capítulo final


Ya en el año 98, Carpenter toma uno de los mitos más sobados del cine de terror en, la para mi estupenda, Vampiros. En ella James Woods, interpretando a Kurt Russell (en que estaría yo pensando) se nos presenta como el líder de uno de los equipos de cazavampiros al servicio del Vaticano que, tras perder a su grupo, se enfrentará, junto con una prostituta a medio camino de la transformación, su único hombre que quedó con vida y un cura novato en esto del vampirismo, contra nada más y nada menos que Drácula, digo Valek (en que estaría yo pensando otra vez) el primero de todos los vampiros. La película, como en otras ocasiones en su filmografía, tiene un gran sabor a Western, subrayado esta vez por la ubicación geográfica de la trama, la fotografía y la música... Algún pero tiene Vampiros, y es ese cierre tan abrupto de la secuencia de la ceremonia hacia la conclusión del film, una nimiedad, en el fondo, pero que deja un mal sabor de boca, después de haber visto secuencias tan espectaculares como la de la matanza en el motel...


Después de otro largo paron, en 2001 llego la, en general, poco afortunada Fantasmas de Marte, una película que de tan sosa y poca cosa que les quedo, decidieron deconstruir el montaje eliminando cualquier acción paralela, recurso que, aunque funciona y eleva el nivel de la película, se aprecia como forzado e incluso innecesario... Con una trama algo ridícula y una producción de serie b de los 80 que ya a estas alturas no aguanta el tipo, la película es sin duda de las menos afortunadas que ha hecho. Pese a ello, cuenta con un par de apuntes que no dejan de ser interesantes: Además de la ya mencionada deconstrucción, está la representación de una sociedad que ha evolucionado hacia el matriarcado y esos dos protagonistas que responden al clásico patrón del antihéroe carpenteriano de acción, lo que en definitiva, permitirá disfrutar al seguidor de su filmografía...


De nuevo un largo descanso hasta que, gracias a la iniciativa del nefasto Mick Garris, la serie Masters of Horror nos devolvería, esta vez en pequeña pantalla y en formato mediometraje, dos obras de este auténtico maestro del género... La primera de ellas, Cigarette Burns (editada en España en DVD como El Fin del Mundo en 35mm), es uno de los mejores capítulos de la serie (para mi el mejor, seguido del de Joe Dante, aunque el mejor valorado por muchos sea Imprint, de Takashi Miike, que a mi me horrorizo bastante, pero en el mal sentido) En el nos volvemos a encontrar con el Carpenter de En la Boca del Miedo, cinta con la que este capítulo guarda varias similitudes, tanto argumentales como estructurales, y el el que vemos un uso de la violencia inédito en su cine, al menos hasta ese momento. La experiencia y la respuesta del publico fue tan gratificante, que el año siguiente repitió con el sexto capitulo de la segunda temporada, Pro-Life, un desgraciado capítulo que, aunque empieza muy bien (de hecho su primera media hora es magnífica, en el modo que crea tensión) acaba convirtiéndose en una simple curiosidad por su alto, para tratarse de Carpenter, contenido gore, donde además aparece un tipejo a cámara lenta disfrazado penosamente de diablo, de tal modo que J. C. parece estar cachondeándose de todo el mundo y de si mismo el primero... Tan imposible es tomarse este capítulo en serio...


Y, de momento, así hemos llegado al fin. A la espera de que se materialice alguno de los proyectos que vienen anunciándose desde algunos años (cobra fuerza el de Psycopath) esta es su filmografía al completo, o casi, ya que como decía en la primera parte, ni hablo de sus cortometrajes, ni de sus dos primeros telefilms. Por lo tanto, y como es lógico, este primer monográfico dedicado a un autor consagrado en el cine de género llega al fin a su fin.

Proximamente: David Cronemberg.

miércoles, marzo 12, 2008

Superman (1978)


De todas las cosmogonías mitológicas que ha parido el difunto siglo veinte, sin duda una de las más importantes (seguramente la que más repercusión cultural ha provocado) ha sido la de nuestros queridos superhéroes. Si la comparamos con, por ejemplo, los populares mundos de fantasía heroica deudores directos del mítico Tolkien, queda claro que la mitología superheroica es mucho más connatural a la edad moderna. Héroes del presente que actúan sobre el asfalto y el cemento, visten colores chillones y, en algunos casos, sufren las debilidades propias de nuestro tiempo. Miles de superhombres (y supermujeres) en mallas convertidos en iconos pop, en ningún caso deudores de fábulas clásicas e incrustados desde principios de siglo y para siempre en el imaginario colectivo.

Si lo superheroico, como género, representa uno de los puntales de la cultura pop, está claro que Superman es su máximo exponente, y por ende uno de los más grandes iconos pop del momento, perfectamente comparable al anterior Papa, a Madonna, a Marilyn Monroe o a cualquier otro que podáis imaginar. Visto así, y como no podía ser de otra forma, el cine y la televisión han explotado ese tirón contracultural del último hijo de Kripton casi desde sus orígenes, allá por 1938 de la mano de Joe Shuster y Jerry Siegel para el número uno de la revista Action comics.

En los años 40 los estudios Fleischer utilizaron la imagen del Superhombre para elaborar algunos cortos de animación (a la venta en DVD desde hace poco y en castellano neutro). Más tarde, en los 50 se emitió la mítica serie de imagen real con el malogrado George Reeves como protagonista. Y así se suceden las producciones audiovisuales con el alter ego de Clark Kent en funciones de estrella principal. Si bien todas estas apuestas, aunque entrañables, no estaban auspiciadas por la raquítica tecnología del momento (patente sobremanera en las entregas de imagen real) no hubo más que esperar a 1978 para que la Warner decidiera afrontar un proyecto serio y de gran presupuesto, como bien merecía el famoso extraterrestre protector del planeta Tierra.

Superman puede considerarse la primera superproducción superheroica afrontada por una gran firma (todo muy súper, como no podía ser de otro modo) Sin avistar ni de lejos la tecnología digital que hoy día facilita mucho las cosas a la hora de filmar supertipos, los estudios hacen a Richard Donner responsable de llevar a la pantalla un libreto elaborado por el prestigioso escritor Mario Puzzo, ya encumbrado por las dos primeras entregas de El padrino. Un Richard Donner prácticamente desconocido por aquel entonces, curtido en televisión y responsable de alguna producción menor, que se popularizaría definitivamente tras Superman.

Christopher Reeve da vida a Clark Kent, otorgándole el rostro más popular del personaje, con ese mítico peinado con churrulillo en la frente, tan propio de nuestro héroe desde sus inicios y deudor de la etapa Byrne de la serie. Valorar la interpretación del malogrado (éste también) actor americano es, visto con perspectiva, un ejercicio de futilidad. Christopher Reeve es Superman, y poco más se puede decir.

En el lado del inevitable archienemigo, que se constituye como contrapartida indispensable al modélico héroe en este tipo de pelis, tenemos a Gene Hackman como Lex Luthor. Sobre sus hombros recae la mayor parte de la carga cómica del filme, muy presente a lo largo de todo el metraje y a la que el libreto da mucha importancia. Hackman interpreta a un cáustico Luthor rodeado de inútiles y dominado por delirios de grandeza totalmente delirantes. El sentido del humor manejado a la perfección por Hackman confiere a la cinta unas dosis de liviandad y simpatía extraordinarias, muy de agradecer.
El tercer actor inolvidable que aparece en la película, brevemente eso sí, es el legendario Marlon Brando en el papel de Jor-El. Su presencia es casi anecdótica, pero supone un síntoma inequívoco de la fortísima apuesta que hizo la Warner por el producto que tenemos entre manos.

Superman es seguramente la mejor película del personaje realizada hasta el momento. Fundamentada en una serie de dificultades más o menos terrenales que nuestro E.T. debe combatir, la cinta está plagada de secuencias para el recuerdo, como la intervención en la falla de San Andrés, el rescate del helicóptero o las míticas vueltas alrededor de la Tierra para hacer retroceder el tiempo ¡Impagable!
La ausencia de supervillano se solucionó más adelante con las tres secuelas que originaría la peli, más o menos afortunadas y que comentaremos aquí a su tiempo. Además las características de esta entrega se repetirían muchos años más tarde en Superman Returns, prácticamente un remake dirigido por Bryan Singer.

En definitiva, Superman es un clásico fundacional al que nunca le sobra un revisionado, sólo superado por su secuela, Superman II.

Dictamen: IV

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!