El fotógrafo del pánico (Peeping Tom, 1960)


En 1960 el director inglés Michael Powell estrena El fotógrafo del pánico, película que, junto a la famosísima Psicosis de Alfred Hitchcock, hizo de este año uno de los momentos más brillantes para el cine de psychokillers, además de marcar de manera determinante su desarrollo posterior.

El argumento gira en torno a Mark Lewis, joven fotógrafo marcado por los experimentos que su padre realizó con él durante su infancia. Estos consistían en la filmación constante del crecimiento del niño y se centraban principalmente en sus reacciones ante el miedo que el mismo progenitor provocaba sobre él -representativa es la escena en la que le introduce en la cama un reptil mientras duerme-. Siendo un adulto, transforma el trauma infantil en un voyeurismo llevado al extremo de grabar sus propios asesinatos, del que trata de huir al enamorarse de su vecina.

Más allá de aspectos como las humoradas sarcásticas -por ejemplo, Lewis vuelve al día siguiente a grabar la escena de su propio crimen y contesta a un policía que es un reportero de El observador -, el buen desarrollo argumental, aunque carente del suspense hitchcockiano de su hermana de año o el alarde de imaginación bizarra que demuestra el diseño de la cámara asesina, lo que la convierte en una pequeña obra maestra es el artificio de perspectivas narrativas con el que enredan las cámaras, el juego que iguala a Lewis con el que observa el film.

La vista habitual en tercera persona, se trasforma ya desde el primer asesinato en subjetiva y unifica incómodamente los puntos de vista de psicópata y espectador, obligándonos a levantarnos de la butaca para pasear con el malo; su ojo -enorme primer plano con el que se inicia la historia- su cámara y sus actos ya no le pertenecen sólo a él, sino también al que mira la pantalla. Llega el clímax, grito de horror de la puta y tajazo de la escena que lleva con rapidez a su laboratorio, en el que proyecta y observa la filmación del crimen. Un corte brusco del discurso que nos devuelve a la tranquilidad del asiento, de lo impersonal, para darnos cuenta de que aún así seguimos compartiendo la perspectiva de Lewis, convertido ahora en un observador cinematográfico como nosotros. Una doble identificación por la que se nos hace evidente que también somos mirones morbosos.

La sombra de El fotógrafo del pánico llega hasta nuestros días y su innovadora forma de plasmar los homicidios es una influencia notable en el cine de terror actual. Argento o Carpenter con La noche de Halloween son sus herederos; incluso a través de esta última estableció las bases del buen matar de todo un subgéro, el slasher.

Una joyita que escarba en el voyeurismo del amante del cine, del acto privado, al apagar las luces, que supone degustar las historias de otros y hacerlas nuestras.


Dictamen: IV

7 comentarios:

Markitos dijo...

Un tutorial de las películas snaff; sin duda una película entretenida y voyuer.

Boris dijo...

Pues sí, supongo que la primera película que trató el snaff, tema de bastante profusión en el cine de ahora. Saludos!!!

Mario dijo...

Entonces es como Tesis pero en yanki??

;-)

Alvy Singer dijo...

Impresioannte pelicula! Un clásico que me fascinó, mirando perverso como miran los otros.

JohnTrent dijo...

Pues, pese a la opinion general de la critica y muchos aficionados, a mi esta pelicula me dejo mas bien frio y me aburrio muchisimo para mi decepcion, ya que esperaba grandes cosas. Quizas deberia darla otra oportunidad...pero en su dia me parecio eso.

Saludos.

Boris dijo...

Yo creo que se merece otra oportunidad, aunque, como ya apunté, su argumento no sea precisamente vibrante.

Uruloki dijo...

Vaya, es curioso ver que hay gente que se acuerda de clásicos tan poco reconocidos. Genial post, enhorabuena.

De la película que decir, la vi en VHS hace muchos, muchos años. Era una de esas películas que tenían mis padres en la zona alta de la estantería como "para mayores". Sorprendente, aterradora y "ejemplo" de lo que podría llegar ser una snuff movie. Prohibida y censurada en su tiempo por lo atrevido y controvertido de su contenido, ahora se la reconoce como una de las mejores películas de terror británico de la historia.