ESPECIAL GORILERO - King Kong (2005)


Con motivo del glorioso Día mundial del traje de gorila promovido por los maestros bizacoreros, desde aquí hemos pensado hacer un repasillo a la última versión del gorila más jarto que ha conocido el cine; sin dejar de lado su inevitable comparación con el clásico de 1933 que ya diseccionaremos con más tiempo en otra ocasión.

Como todos sabéis, en las navidades del 2005 se estrenó una nueva versión del clásico de Merian C.Cooper y Ernest B. Schoedsack, King Kong. La nueva entrega viene firmada por el archiconocido director neozelandés Peter Jackson, aclamado creador de la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos entre otras joyas, el cual no dudó un segundo en tirar la casa por la ventana para recrear la película que marcó su infancia. Más de 200 millones de dólares invertidos, 35 de los cuales parece que vinieron directamente del bolsillo del orondo matrimonio formado por el propio Jackson y Fran Walsh. La pareja incluso convenció a la Universal, productora de la película, para que el metraje se extendiera durante nada menos que tres horas (lo cual reduce el número de proyecciones diarias y, en consecuencia, las perras de taquilla)

Todo ello para conseguir que el juguete quedara absolutamente a su medida. Peter Jackson es ya el nuevo Rey Midas de Hollywood; puede actuar a su antojo y procurarse cualquier capricho que se le ocurra, y no importa si para ello debe emplear todos los recursos al alcance de una de las productoras más poderosas del mundo. Peter tiene la sartén por el mango y se aprovecha de ello… hace bien, yo haría lo mismo.

Una vez que empieza King Kong, el cheque en blanco utilizado se hace notar. La recreación del Nueva York de los años treinta es sencillamente espectacular. Con una mezcla de carísimos decorados y espectaculares efectos digitales, realmente parece que estemos visitando aquella época de la gran depresión (eso sí, la pila de coches que se amontonaban atascados en el puente de Brooklyn no sé yo si es muy real... se ve que la gente sí tenía pasta para gasolina)
Todos y cada uno de los aspectos de producción están formidablemente cuidados: interiores, exteriores, vestuario… no se ha dejado un solo detalle al azar. Sólo en los primeros veinte minutos ya queda patente el cariño mostrado por este trabajo.
El posterior viaje en barco también es reseñable. El navío del Capitán Englehorn (interpretado por un correcto Thomas Kretschmann) es totalmente creíble y los millones invertidos se hacen notar casi en cada esquina de la embarcación. Algunos de sus interiores llaman especialmente la atención, como la zona de las jaulas para animales donde se hospeda el guionista Jack Driscoll.

Y es en este personaje donde se aprecia una de las mayores divergencias con la película original. En aquella, Jack Driscoll no era más que el segundo de a bordo de la embarcación, un tipo rudo y chapado a la antigua, algo misógino y machista. Clásico héroe de la época con mucho corazón debajo de los pelos de alambre del pecho, valiente y dispuesto a enfrentarse a lo que fuera por su amada. No sé si es que ese Jack era demasiado políticamente incorrecto para nuestra época, pero el hecho es que lo han cambiado por un escritor algo apocado que se enrola en la expedición por error. Yo personalmente me quedo con la versión clásica; en esta ocasión nos muestran a un tipo intrascendente que no inspira ni frió ni calor y que, cuando termina la peli, te planteas si habrá enamorado a la chica o esta habrá optado finalmente por el mono.

Y en este caso la chica en cuestión es nada más y nada menos que Naomi Watts, uno de los aciertos de la peli aunque solo sea por contemplarla. La versión que hace Naomi de Ann Darrow es completamente diferente a la original. En la peli de 1933, Fay Wray se limitaba a ser la excusa para que Jack y sus compañeros se embarcaran en una y mil aventuras a lo largo de La Isla de la Calavera. Ella temía mortalmente al animal (se pasaba la película dando gritos de absoluto terror) y en ningún momento se deja caer la posibilidad de que considere al simio otra cosa que no sea un monstruo.
En esta nueva versión se intenta crear una relación pseudo-sentimental entre Ann y la bestia, no sé si del todo acertada ¿Es necesario que el pobre animal muestre sentimientos humanos para que empaticemos con él? ¿No es más correcto el planteamiento original, en el que la chica se siente simplemente aterrorizada, como le ocurriría a cualquier persona? Aludiendo en aquel caso a la propia naturaleza del ser humano, que responde con violencia a la violencia y se reafirma sin ningún tipo de remordimiento en destruir aquello a lo que teme, sin ni tan siquiera plantearse por un segundo las causas o las consecuencias. Todo esto no nos haría mejores que Kong, ni tampoco peores, simplemente iguales...
No sé si el objetivo de aquella peli era éste (más bien creo que sus directores se conformaban con deleitarnos con una de aventuras) pero en cualquier caso prefiero sacar mis propias conclusiones a consumir moralina.

Otro personaje cambiado es el del empresario cinematográfico Carl Denham, interpretado en esta ocasión por el nefasto Jack Black. Jackson lo convierte en el típico capitalista malote al que solo le interesa el dinero y el éxito, y que no alberga ningún tipo de sentimiento por nada ni por nadie que no sea él mismo. Vamos, una pantomima. El antiguo Carl era básicamente igual (menos cabrón eso sí) pero sin caricaturizar. Era un empresario honrado (como él mismo dice) y con las típicas características mencionadas anteriormente, pero que no le convierten en el malo de la peli. Solo es una persona más de nuestra sociedad, tan malo o tan bueno (seguramente tan malo) como somos todos.

A pesar de que los protagonistas quizá decepcionen un poco, la introducción de algunos personajes secundarios adicionales es bastante acertada: el actor masculino para el filme que intentan rodar, Bruce Baxter, tiene su gracia. Y una mención especial merece también el cocinero interpretado por Andy Serkis (Gollum)

Como decía anteriormente, los millones se hacen notar a lo largo del metraje. El mono en CGI está muy logrado, alcanzando en ocasiones un nivel extraordinario. A pesar de mi repulsa irracional hacia este tipo de efectos, tengo que decir que en algunas escenas de esta peli me rindo a la evidencia.
Por otro lado, la secuencia final, con el simio combatiendo a los aeroplanos en la cima del Empire State (sin duda una de las escenas más reconocibles de la historia del cine) ha sido reinterpretada con una maestría propia de otro tiempo. Durante toda la escena se mantiene una tensión espectacular, a pesar del ya conocido desenlace, y muchas tomas producen autentico vértigo. Un derroche visual que habrá costado muchísmos millones, pero que se agradece.

Sin embargo, momentos de una factura fabulosa se entremezclan con secuencias excesivas y totalmente inverosímiles. La espantosa estampida de brontosauros, Kong meneando artificialmente el tronco en el que están los aventureros o Jack y Ann escapando insólitamente del simio, agarrados a la pata de un murciélago-vampiro, dan buena cuenta de ellas.

En definitiva, si os disponéis a ver King Kong ya sabéis lo que os espera. El capricho de un niño grande al que también le fascinan los gorilas (y el Rey Kong es uno jartísimo, como decíamos) sublime en ocasiones e infumable en otras, pero que despierta envidia sana: quien pudiera ¿verdad?

Dictamen: III



3 comentarios:

Cesare dijo...

Lo cierto es que a mi me gusto bastante... Y sobre sus efectos, si es cierto que hay muchiiiisimo digital, pero tambien hay muchiisimo decorado, maqueta etc.. Pero me quedo con la original, tambien es cierto...

flits dijo...

Para mi lo peor son dos cosas...una q se me hizo un poco larga,quizá porque ya sabía el final..jejeje,y la otra, es ver al mono gigante haciendo karate con los dinosaurios...muy poco creibles los movimientos del primate.Por lo demás un remake muy aceptable y entretenido.

Mario dijo...

Gracias por levantarme el post chavales!!!
A ver cuando pasan estas fechas y nos ponemos de nuevo con más ganas que nunca.

Saludetes!