Mad Max. Salvajes de la autopista (Mad Max, 1974)


Dentro de unos cuantos años –hace unos cuantos años, mejor dicho, aunque aún no hayamos llegado al apocalipsis nuclear- el mundo es como ahora –como antes- pero algo peor, ya que la crisis energética ha provocado un gradual declive de la sociedad en brazos del caos y la violencia. Bandas de delincuentes motorizados, de la peor calaña, se ejercitan con toda clase de tropelías por las largas y soleadas carreteras australianas, mientras que el cuerpo especial de policía trata de detenerlos con sus expeditivos métodos.
A los malutos de turno no se les ocurre nada mejor que hacer que meterse con el más brillante de los agentes, Max RockatanskyMel Gibson-, y lo que es peor, con su familia, lo que tiene como consecuencia el cabreo del susodicho, que, a doscientos por hora y con la recortada en mano, consigue cuajar una bonita colección de cadáveres sobre el asfalto como venganza.

Mad Max es, a priori, una típica historia de muertes y vendettas que aglutina un buen puñado de los lugares más comunes del género policiaco, como el maniqueo posicionamiento entre el bien y el mal, el ineficaz sistema de justicia emponzoñado por la burocracia o la cruzada personal que se salta a la torera todas las normas. Sin embargo, esta sencillez de trillados planteamientos argumentales se ve favorecida por una serie de cualidades innegables.

La ultraviolencia de la que fue acusada la obra en sus tiempos –en España, por ejemplo, fue condecorada con la calificación S- destaca por las sobresalientes escenas de persecución, realizadas con pericia al más puro estilo setentero –movimiento acelerado y cambio frenético de planos- y por una crueldad que no necesita de imágenes explícitas para impresionar al respetable. George Miller se vale de la insinuación de lo escabroso mediante una loable economía de planos significativos. Atención, en este sentido, a la escena del asesinato de su familia, resuelta finalmente con la imagen de un zapato infantil rodando por la carretera o a la soberbia conclusión con careto de duro en primer término y explosión al fondo.

Pero son los elementos distópicos del argumento los que, creo yo, proporcionan a la película la mayor parte de su valor cinematográfico. La guerra en las carreteras desérticas, entre los psicópatas pertrechados de jirones tecnológicos, que subsisten robando la cada vez más escasa gasolina y una violenta policía que sale con sus coches de los destartalados Halls of justice, es una magnífica mirada al mundo de finales de los setenta y a sus miedos a través de un oscuro filtro. Además, la diferenciación entre la sociedad que plantea la ficción y la del contexto real en el que se crea es muy tenue, y las circunstancias que las separan aparecen sin apenas explicación, lo que confiere al film su particular aura de extrañeza.

Las andanzas de Max fueron continuadas posteriormente por dos secuelas: la notable Mad Max 2, el guerrero de la carretera, situada ya en pleno futuro y que destaca por una imaginería post-apocalíptica que conformó las bases de este subgénero de la ciencia ficción para el montón de películas –explotations italianas incluidas- que siguieron su estela, y que evidentemente merece otro post; y Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno, tercera parte que tiene como valor más destacado -por no haber otro- la aparición de Tina Turner.

Dictamen: IV



6 comentarios:

Cesare dijo...

Se esta hablando muy mucho sobre una 4... Pero bueno...

Yo aun tengo grabadas imagenes de cuando mis padres me dejaron verla en telemadrid un verano cuando tenia 10 años... Jejejeje...

Mario dijo...

1973 Ford Falcon Coupé XB GT...

Imperdonable no comentarlo ;-)

Hombre Lobo dijo...

Yo me quedo con la segunda, la cual es, por cierto, paradigma eterno del cine de acción. La tercera tiene su encanto y uno que otro momento interesante, aunque quizás mi interés por ella sea más nostálgico que cualquier otra cosa.

Cosa aparte es, claro, el hecho de que parte del legado de dicha película sea la canción "We don't need another hero", de la Tina Turner.

Markitos dijo...

Como disfrutabamos mi hermano y yo con esta película de pequeños.

La segunda parte es la leche.

Boris dijo...

Cesare: Buff, que miedo me da otra continuación!!

Mario: Como bien sabes, iba a hacer referencia a lo que flipaba con los uniformes y el pedazo de coche ( 1973 Ford Falcon Coupé XB GT, :D )cuando era un enano -y ahora, seamos sinceros-. Pero me dió la vagancia y, yo, ante eso, poco puedo hacer.

Hombre lobo, Markitos: La segunda me encanta también, aunque es bastante más convencional -dejando la estética postholocausto a un lado- que la primera.
Y la tercera es una dulcificación Hollywoodiense de la saga, aunque como bien dices, no está exenta de encanto nostálgico para los que la disfrutamos siendo críos.

Saludos!!!

juanchi dijo...

Pero que tendrá ese Ford Falcon ;)...por cierto q en Australia hicieron una edición limitada "Mad Max" del Falcon XB, copiando las partes extra que se le añadieron en producción para darle ese toque más agresivillo-futuristico