La guerra de las galaxias - Episodio IV: Una nueva esperanza (Star Wars - Episode IV: A new hope, 1977)


Si es que existe alguna ficción; ya sea de televisión, en pantalla grande o en papel, con dibujos o sin ellos; que haya condicionado en cierto modo mi particular estilo de vida, sin duda alguna esa ha sido la saga original de Star Wars. Objetivamente hablando, los discursos de la sagrada trilogía han influido en mí de forma que probablemente sea imposible de cuantificar: La relación con ciertos amigos, de esos que son para toda la vida a pesar de lo que pueda parecer, que iniciaron juntos un camino de perspectivas e inquietudes comunes desde nuestra más tierna (o siniestra) infancia. Aquellas navidades en las que el gordo de barba y vestido de rojo (Sí, que pasa. Siempre he sido de Papá Noel) dejaba su ración de merchandising made in Lucasfilm en la zapatilla, con la sonrisa cómplice de mis hermanas soplando por detrás de la nuca, y yo sin enterarme. Los revisionados en grupo, tan propios de ‘la generación del videoclub’ que teníamos como tótem de la diversión (entre otros) a uno de los escasos equipos VHS existentes en el salón de algún infortunado padre que probablemente prefería ver las motos.
Todos estos momentos han forjado amistades, consolidado relaciones y moldeado sueños (algún día viajaré al espacio)

Si bien la circunstancial pasión por los personajes creados por Geroge Lucas podría haber sido sustituida, aparentemente, por cualquier otro tipo de afición, lo cierto es que La guerra de las galaxias se extiende en algunas cosas por encima del fútbol, el D&D, el botellón o el ir a misa (los que iban). Valores que nos han hecho mejores personas, lo creáis o no, porque yo, amigos, creo en La fuerza.

Después de este speech introductorio debería empezar a hablar de la película en cuestión, pero ¿que se puede decir del Episodio IV que no se haya dicho ya? A no ser que, como cierta cerda, me proponga buscar similitudes fálicas y de dominación fetichista en los sables láser, lo más seguro es que la mayoría de vosotros ya lo sepáis todo sobre esta peli.

A mediados de los 70, Lucas ya manejaba un proyecto galáctico heredero del cine de samuráis y muy influido a su vez por los seriales clásicos de Flash Gordon que un principio intentaría adaptar. De estos tenebrosos tiempos existen multitud de borradores de los guiones iniciales; la semilla de lo que posteriormente pasaría a ser la franquicia más importante del mundo del entretenimiento y, sin duda alguna, el icono por excelencia del último cuarto del siglo XX. Lucas contempló la posibilidad de que fuera una serie de varios episodios, al principio Luke iba a ser una mujer, después una criatura, después se llamaría Luke Starkiller… cantidad de anécdotas y miles de vicisitudes las que tuvo que superar el gordo de barba (mira, como Papá Noel, aunque en aquel tiempo estaba menos cebón) para que alguna productora se atreviese a producir aquella locura.

Durante la grabación, los desconocidos actores no daban crédito a lo que estaban rodando. Los efectos especiales, tal y como están planteados en Una nueva esperanza, eran casi inéditos para la época, y la imaginación manejada por el equipo de trabajo, que más tarde se convertiría en todo un imperio: Industrias Light & Magic, sorprendió a propios y a extraños, incluidos los miembros del reparto.
El duelo de espadas láser, los insólitos combates de cazas espaciales sacados directamente de algún documental de la 2ª Guerra mundial, los diseños de los soldados y el aspecto del mismísimo Darth Vader rompieron todos los esquemas vigentes hasta el momento en el cine fantástico y de entretenimiento.
Con razón todo este despliegue de medios e imaginación daría lugar a un espectacular mega-imperio (otro) de merchandising. Y es que, al fin y al cabo, es de imperios de lo que se trata, de cómo George Lucas cayó en el lado oscuro para gobernar un imperio que nos torturaría años más tarde con sus medidas de represión digitales y de desprecio al ser humano… pero eso es otra historia de la que hablaremos en otra ocasión.

A pesar de la torpeza demostrada recientemente por George, los textos y la dirección de esta primera entrega corrieron de su cuenta y en ambos demostró una pericia espectacular. Si bien en American graffiti ya había dado algunas pinceladas de su fugaz habilidad para la dirección (habilidad que ya no existe) algunos de los actores implicados no confiaban demasiado en las frases construidas por el joven judío.
Carrie Fisher, como la aguerrida y marimandona Princesa Leia, sufría por la dificultad de recitar algunas de las frases escritas por Lucas:
- Gobernador Tarkin, debí imaginar que era usted quien sujetaba la correa de su fiel perro Vader. Sentí su repugnante hedor a cuervo carroñero nada más subir a bordo.
La pobre ni se imaginaba lo que vendría años después, ya que el guión del Episodio IV está plagado de frases célebres y presume de una sencillez y efectividad fuera de lo normal, sobre todo para estar escrito por Lucas.
La mejor parte se la lleva Harrison Ford, quien salta a la fama interpretando a un contrabandista galáctico de sonrisa cínica que esconde un gran corazón. Han Solo se luce una y otra vez con multitud de frases citables para el recuerdo, como cuando barrunta ante la irritante princesa ‘¡No hay recompensa que compense esto!’, o cuando están siendo atacados por un escuadrón de TIE-Fighters ‘¡No te preocupes, la nave aguantará!... Eso espero, que aguante.’, o aquella en la que se carga las comunicaciones del bloque prisión ‘¡Que tontería de conversación!’
Por el lado de la fuerza Obi-Wan describe los conceptos de su religión con formidable maestría, así como Vader da buena cuenta de la versión satánica del culto ‘Su carencia de fe resulta molesta’.

Los personajes principales pasarían a la historia, pero la sensación de fascinación por el universo que estábamos contemplando era mucho mayor y, a pesar de la gran cantidad de espacio consumido, podría continuar horas hablando de esta película. La calidad cinematográfica, mezclada con un fuerte componente nostálgico y otro de culto personal (ya que no voy a misa…) hacen de La guerra de las galaxias una producción que trasciende los varemos normales a la hora de juzgar una cinta de estas características, convirtiéndola en el V más grande que he puesto hasta ahora, y quizá también el más subjetivo, a mucha honra.

La fuerza es necesaria, la empatía es necesaria, y relativizar todo lo que he dicho hasta ahora, también.

Dictamen: V

9 comentarios:

nonasushi dijo...

Guauuuuuuuuuu
Su falta de fe, me resulta molesta.

¿Cuantas veces he podido decir esto?
Diossssssssssssssssssssss

Magnifico post

Mario dijo...

EHHHH!!!
Tienes razón, me he confundido de cita!!!
Ahora mismo la cambio :-P

kuroi yume dijo...

feliz aniversario!!!!

juan dijo...

Ayyy me has emocionado. Amen

mario dijo...

GRANDE

Mario dijo...

Maldita sea mario... Identifícate! :-P

Cesare dijo...

Jeje, te me adelantaste... Bueno no pasa nada, me lanzo al Contraataque... XD

Alguien q tb cree en la (tu) fuerza dijo...

Aunque mi opinión no es nada objetiva, me ha encantado tu reseña. Y sólo tengo que añadir que aunque algunos no disfrutáramos de la trilogía en nuestra infancia, a los 20 también hace ilusión enterarte de quién es el padre de luke ;^)

allicroom dijo...

Cuantos recuerdos me trae esa memorable subjetividad tuya...;)

Por cierto,recuerdo haber leido que Coppola ayudó bastante en los dialogos a Lucas.

"No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza".

Saludoors nostálgicos