Godzilla contra King Ghidorah (Omori Kenjiro, 1991)


De las 28 películas que a día de hoy componen la prolífica saga del lagarto radioactivo, he de decir que servidor, a pesar de declararse fan absoluto del personaje, no habrá visto ni la mitad. De esa mutilada lista de visionados que dispongo, la mayor parte de las experiencias corresponden a la etapa clásica de la criatura, la cual nace en 1955 con Godzilla y muere en 1975 con Godzilla contra Mechagodzilla.
Si el gran Absence no me falla (que no lo hará) puede decirse que la trayectoria del saurio nuclear se divide en tres etapas. La primera, comentada más arriba, conocida como periodo Clásico o Showa. A continuación el periodo Hensei, que retoma las correrías del monstruo en 1984 hasta, llegado el momento, matarlo como preámbulo al remake yanqui del 98. Y finalmente la etapa Millenium que llega hasta el 2004, con la indescriptible Godzilla: Final Wars.
No obstante, la cinta que hoy nos ocupa data del año 1991 y pertenece, por derecho propio, al periodo Hensei. Lo cierto es que a pesar de haber devorado la mayoría de las historias producidas sobre Godzilla en el periodo clásico, ésta ha sido mi primera incursión en la segunda era del monstruoso ser, quizá la menos popular de las tres y, si me atengo a lo vivido, con todo merecimiento.

Probablemente uno de los puntos salvajemente delicados de Godzilla Vs. King Ghidorah sea su elenco interpretativo. Adaptado a los tiempos de la globalización, el reparto dispone de varios actores (por llamarlos de alguna forma) de aspecto occidental (también por decir algo, porque hay que ver la pinta que tienen, para mear y no mojar) Dichos actores no sólo no dan la talla sino que echan por tierra las tímidas intentonas de reacción de sus compañeros nipones.
Cierto es que las primeras creaciones godzillescas disponían de artistas y técnicos procedentes de las pelis de Kurosawa, pequeño gran detalle que confería a las tramas centradas en personajes humanos una naturalidad fuera de lugar (al menos fuera del lugar donde la saga se ha instalado después) Pero es que en este caso, aún no siendo tan exigente y presionando el modo de descacharre y bizarrismo cerebral, las interpretaciones son tan horribles que casi no producen ni simpatía (casi)

La trama nos habla de un grupo de humanos que viaja a nuestros tiempos (los de los años noventa) desde un futuro dominado por Japón, con la intención de modificar el pasado y destruir al país del sol naciente antes de su instauración como imperio. Estos viajeros en el tiempo son dignos de mención y de entre todos ellos destaca un androide con cara de Al Bundy que posee algunos poderes derivados de su género, como superfuerza y supervelocidad… y esto hay que verlo para creerlo porque si es más pajero se rompe.

A partir de aquí el guión se hace la picha un lío intentando casar, una tras otra, paradojas temporales mil en las que Godzilla aparece y desaparece inexplicablemente, mientras los protagonistas (los de nuestros tiempos) intentan impedir la destrucción de su país.
Antes de que perdamos el hilo definitivamente los crononautas viajan al pasado donde conocemos la versión jurásica de Godzilla cuando solo era un dinosaurio, antes de que los ensayos nucleares lo transformaran en radiación andante (y aplastante) Al parecer el objetivo era el de evitar que el reptil se convirtiera en monstruo trasladando su cuerpo a otra zona del planeta no expuesta a radiación. Esta pirueta del guión, que no casa muy bien con los planteamientos de la cinta original, supone la única y casi imperceptible doble lectura de la peli, ya que el monstruo nace igualmente, dando por hecho que el ser humano ha sido tan capullo de infectar hasta los rincones más inhóspitos de su propio planeta.

King Ghidorah es, en esta ocasión, utilizado por los conspiradores del futuro como arma de destrucción masiva que borraría Japón del mapa, cortesía de la máquina del tiempo. En esta versión se ignora completamente el apocalíptico origen marciano del monstruito de tres cabezas sustituyendo aquella genial idea por otro lio temporal mucho más estúpido, con tres mascotas de cartón-piedra depositadas en la isla de Godzilla, que acaban creciendo hasta alcanzar dimensiones titánicas (fundidas en un solo cuerpo) de nuevo a causa de la radiación. El gran Ghidorah sirve únicamente como sparring a efectos de la trama y quizá el momento cumbre de su aparición en el filme sea cuando regresa del futuro convertido en cyborg para enfrentarse a un Turbo-Godzilla jartísimo con sobredosis de radiación. ¡Tremendo!

Concluyendo, si ignoramos los duelos de monstruos, que transcurren en la línea habitual (y siempre gustan) Godzilla contra King Ghidorah fracasa en todos y cada uno de los demás aspectos de la producción. Si embargo, aunque algunos pasajes son demasiado insultantes incluso para mí, debo reconocerle el valor intrínseco propio de la mayoría de pelis de esta saga… Y es que cuando suena el tema principal de Godzilla a algunos se nos pone la piel de gallina.

Dictamen: II




2 comentarios:

Dude dijo...

Pos sera todo lo mala que quieras pero para verla y hecharse una risas con los colegas no tiene q estar mal.

salu2

Mario dijo...

De eso no hay duda!

Pero a la saga del reptil atómico puede exigírsele un poco más, creo yo :-)

Un saludo!