30 Días de oscuridad (30 Days Of Night, 2008)


Con algunas semanas de retraso respecto a su estreno en los USA, desde este mismo viernes se puede contemplar en salas de todo el país 30 Days os night, la película que adapta el trabajo realizado originalmente por Ben Templesmith, a los lápices, y Steve Niles, a cargo de la historia. Tebeo homónimo al menos en su versión yanqui, ya que por aquí la cinta ha sufrido un pequeño cambio en el título, sustituyendo el original 30 Días de noche por un menos prosaico 30 Días de oscuridad.

Steve Niles desarrolló la historia de los vampiros que se trasladan a una semiaislada población en Alaska en la que durante treinta días al año no sale el sol (con lo que eso supone para los clásicos chupasangre) como un proyecto destinado a las salas de cine. Cuando aún era un desconocido, paseó el libreto por varias productoras que lo rechazaron, así como las primeras editoriales, como Dark horse, a las que tanteo una vez dado por vencido. Finalmente la pequeña e incipiente IDW Publishing se arriesgó con la iniciativa y la publica en 2002, acompañada de unas geniales ilustraciones a cargo de Ben Templesmith, un desconocido “imitador” de Ashley Word por aquel entonces.

Una vez constatado el gran éxito del tebeo, David Slade se fija en él para (esta vez sí) realizar su versión en pantalla grande. Ayudándose de Steve Niles entre los guionistas, como no podía ser de otro modo, el director de la furiosa y experimental Hard candy (que triunfara en Sitges hace un par de ediciones) abandona el territorio outlier y se deja llevar por una propuesta de mayor presupuesto y ambiciones.
Si una de las características principales de la ópera prima del director fue el horror sutil del que hacía gala la impresionante lolita Ellen Page (famosa ahora por la premiadísima Juno) Slade abandona aquellas pretensiones para internarse en un territorio mucho más burdo y gore. Nada desdeñable si ciertamente se viera algo.

30 Días de oscuridad, publicitada como una de las pelis en la que más sangre artificial se ha utilizado, intenta ser un film de horror al viejo estilo. Los vampiros protagonistas, despojados del carácter romántico que en ocasiones se les supone, no son más que hambrientos monstruos que esencialmente “se comen” a sus víctimas. Su aspecto físico dista mucho del de Gary Oldman en el Londres victoriano, por ejemplo, y su modus operandi es mucho menos delicado. Este planteamiento deshace cualquier tipo de relación entre antagonistas, situando la acción en la simple y efectiva lucha por la supervivencia durante los treinta días de noche.
La declaración de intenciones sería, a priori, suficientemente llamativa si no fuera por la sensación de desinterés que despierta todo el filme. Desinterés por parte de los espectadores, que en ningún momento conectan con la trama, ni con sus protagonistas (que van cayendo poco a poco sin despertar ningún tipo de emoción); y desinterés por parte de los realizadores, que ejecutan el largo con lo justo y necesario, haciendo gala de un montaje como mínimo extraño, en el que parece se hayan comido partes del rollo.

Los actores no inspiran ni frío ni calor (Josh Hartnett debería empezar a cuidar más sus elecciones) y el cámara de turno vuelve a ser, otra vez, enfermo de Parkinson. La mayoría de las escenas de acción son infumables, realizadas con muy poquitos recursos y disimuladas con los giros y piruetas de cámara tan de moda hoy día.
La peli contiene muchos de los elementos habituales en este tipo de cintas, pero ni revisitados ni mejorados, simplemente copiados con muy poca gracia. El personaje entrañable que es mordido y se transforma en contra de su voluntad, la bestia parda que se sacrifica por los demás, la delicada heroína y su valiente caballero… Uno tras otro van cayendo los tópicos del género sin despertar ningún tipo de simpatía, hasta llegar a un desenlace ya visto en la pantalla grande no mucho antes y a manos de un director más capaz.

De la peli se salvan un puñado de escenas gore sensacionales y poco más. Quizá el montaje del director nos ofrezca una versión más interesante de la historia, en la que, al menos, los hechos transcurran de forma coherente.

Dictamen: II

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

4 comentarios:

Ivan aka Imazur2002 dijo...

Flojita, flojita, me dejó una sensación de frio polar, como el lugar donde transcurre el film, lo que pasa que es entretenida, al menos no aburre.
Una pregunta...y perdonen la expresión, que coño dice el jefe de los vampiros?? vaya expresiones más absurdas, de verdad.
Saludos!

Higronauta dijo...

Acertadísima crítica, maese, en la cual coincido someramente.

Dos apuntes:

El megavampiro de nivel dos tiene que ser un homenaje al maestro de Kung-Fu, estoy casi seguro.

El título debería ser permutado por 30 días de luz, porque no he visto noche más iluminada desde los tiempos de la sci/fi cincuentera.

allicroom dijo...

Lo mejor sin duda ese nuevo vampiro sin tendencias humanas.
Lo peor es que falte tanta preparación de guión tanto en un final tan esperado como en la presentación de personajes.

saludoors

Mario dijo...

Ivan: El idioma vampírico aparece en el tebeo. La verdad es que me chirriaba un poco escucharlo diccionado, pero en fin...

Maese H: Tercer apunte. Todo el mundo se esconde debajo de casas en la peli -glups-

Mr. Morcilla: El guión no puede ser TAN horrible. Yo creo que el montaje lo habrá mutilado.
Los vampiros con tendencias humanas me recuerdan a los zombis de Abierto hasta el amanecer...

Un saludo!