Especial: Los muertos vivientes


Como bien apunta Robert Kirkman en el prólogo de su propia creación, y como resulta evidente al pasar por encima de las primeras páginas, Los muertos vivientes bebe directamente de fuentes cinematográficas. El cómic de zombis más popular del momento, y probablemente el de más calidad que yo haya leído, no se asienta sino en las numerosas pelis de no-muertos antropófagos que abundaron en el pasado, así como, aunque en menor medida, en las más modernas propuestas de infectados.

En ese prólogo firmado por el propio guionista de la serie, se afirma que la principal fuente de inspiración (que no la única, como veremos más adelante) para engendrar The Walking Dead, fueron las películas de zombis en las que existe una doble, e incluso una triple lectura, disponible sólo para el espectador astuto. Kirkman rehuye del punto de vista -absolutamente válido, por otro lado- en el que el zombi sin cerebro es un mero vehículo para cientos de situaciones violentas, terroríficas y, a menudo, cómicas. Por el contrario, el tebeo que tenemos entre manos se asienta más bien en el poder metafórico que el genial George A. Romero insufló a los no-muertos de sus cintas, tan válido para criticar nuestra sociedad de consumo capitalista como para poner de manifiesto cual es el verdadero enemigo del hombre, incluso en un mundo asediado por los muertos.

El primer tomo editado en castellano de Los muertos vivientes ya evidencia visiblemente la influencia de Romero. Y hablo de influencia casi exclusiva del realizador americano por lo que éste representa para el cine de terror moderno. Los zombis anteriores a La noche de los muertos vivientes (1968) o bien se encontraban próximos a las figuras de terror gótico de la Universal, revitalizadas por la Hammer en aquel entonces, o bien flirteaban con la perspectiva vudú-caribeña del fenómeno; alejados en cualquier caso del concepto que tenemos hoy día del reanimado, concepto transformado totalmente en su esencia por Romero, después de haber leído muchos de los moralistas cómics de la E.C.
Como dice el inefable Stephen King: con La noche de los muertos vivientes el cine de terror cambió para siempre, para bien o para mal.


Kirkman se vale de la esencia romeriana del no-vivo (pero tampoco muerto) cómo han hecho absolutamente todos los creadores que, en los últimos treinta años, se han acercado al género. Sin embargo el guionista americano no se queda en lo meramente superficial, como recientemente han hecho directores de gran éxito como Danny Boyle o Zack Snyder, sino que utiliza cada uno de los elementos simbólicos esgrimidos en las pelis clásicas, potenciando las relaciones entre personajes vivos y marginando a un segundo plano argumental, más aún si cabe, al verdadero motor de la historia, los zombis.

Queda claro en todos los largos de George Romero (y por ende en la mayoría de películas de zombis) que los verdaderos enemigos de los protagonistas suelen ser ellos mismos, cuando no otros humanos que aparecieran para perturbar su pequeña ilusión de paz y seguridad, obtenida habitualmente a base de mucho esfuerzo y penurias varias.
Los muertos vivientes no es ajeno a este detalle y potencia con muchísima fuerza las relaciones entre personajes, tanto las sentimentales (generalmente agradables) como las que describen conflictos de todo tipo entre los miembros de esa comunidad virtual generada por el estado de sitio. Los personajes humanos se van deshumanizando, convirtiéndose a menudo en seres lunáticos sin valores morales, dominados por las bajas pasiones y preocupados únicamente por sobrevivir. En el primer tomo ya se da buena cuenta de esto, con la primera baja importante a manos de un vivo (y de forma sorprendente diría yo)
La serie se publicita con una frase que reza “En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir”. Sugiriendo el abandono de la vida zombificada que los protagonistas atesoraban en la sociedad de consumo, para lanzarse a una desquiciante carrera por la supervivencia en un mundo dominado por los muertos.
Crítica a una sociedad anquilosada y esclava de necesidades superficiales ya vista en El amanecer de los muertos (1979)


Algunos de los elementos de las pelis clásicas del género que tenemos entre manos se trasladan casi literalmente al tebeo:
La idea del granjero que mantiene a sus familiares y amigos encerrados en el granero de su casa con la esperanza de rehabilitarlos algún día ya se vio en El amanecer de los muertos, donde algunos vivos de una barriada marginal decidían encerrarse con sus no-muertos, hasta que la poli les sacara de allí a balazos.
Otro ejemplo puede encontrarse en la trastornada comunidad guiada por El gobernador, donde éste alberga en su casa a su propia niña zombi con la intención de domesticarla, como ya ocurriera en El día de los muertos vivientes (1985) con el mítico Bob.

Como hemos dicho Kirkman se aleja del fin lúdico de algunas pelis de zombis y, aunque existe, el gore y la acción no son el referente principal. No encontraréis aquí orgías de sangre tipo Braindead ni párrocos expertos en artes marciales.
No obstante, aunque Kirkman, al igual que Romero, prefiere no desvelar el origen del mal (al menos por ahora) la serie también se fija en el cine de infectados moderno. Las primeras páginas en las que observábamos a Rick despertando en un hospital vacío, después de un periodo de inconsciencia, retrotraen claramente al comienzo de 28 Días después, así como la descripción del pueblo fantasma en el que algunos humanos perviven aislados entre muertos merodeadores.
Como anécdota se puede decir que uno de los directores (eran dos) de una de las entregas zombi de mayor éxito en los últimos tiempos, Simon Pegg, escribió el prólogo de la edición británica del tebeo. Tanto Wright & Pegg como Kirkman se muestran leales al género, y con ello triunfan en sus respectivos medios.


Kirkman compone su propia metodología respecto a las mordeduras y transmisión del mal, pero básicamente Los muertos vivientes no ofrece nada que no se hubiera visto ya antes en el cine. Sin embargo la trama tejida por el autor es arrebatadora y adictiva. Utilizando los mejores elementos de un género totalmente explotable y desarrollando personajes con una intensidad que prácticamente no tiene precedentes, Robert Kirkman ofrece uno de los mejores tebeos del momento, demostrando, además, que la originalidad no lo es todo, sobre todo cuando hoy día es casi imposible de alcanzar.

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

4 comentarios:

Kazzatore dijo...

Gran serie, sin duda.
Este tipo de post son los que más agradezco.

Milgrom dijo...

Me ha encantado el post Mario. Gran análisis

Mario dijo...

Joe, gracias a los dos... sobre todo por tener el valor de leer esta corbata de post.

Me alegro de que al menos os haya gustado! :-)

Don Guri dijo...

Fenomenal post, sin duda. Un acertadisimo analisis.