La centinela (The sentinel, 1977)


La buena Norteamérica, la de la barbacoa y las vallas blancas, la de la misa de los domingos y Dios y la Libertad y la Justicia empezaba a sufrir su peor crisis de identidad a finales de los tumultuosos años sesenta. Vietnam, Watergate, las revueltas sociales, la crisis económica o la elevada criminalidad eran cada vez más piedras en su antes brillante y despejado way of life.
El cine de los setenta se salpica de la mierda de su tiempo, y nunca Hollywood fue, ni volvió a ser, tan explícito, sucio e incómodo. En este contexto cinematográfico es en el que el género de terror alcanza su mayoría de edad, dejando atrás mucha de su inocencia lúdica y agarrándose a la realidad para transformarse en uno de los reflejos más significativos de la nueva pesadilla del sueño americano; el psicokiller es ahora el protagonista y el manierismo gótico que aún sobrevive se recicla con connotaciones más mundanas.

El tema del satanismo y alrededores, inaugurado a lo grande con dos obras maestras como La semilla del diablo y El exorcista, se dirige en esta dirección, hacia la creación de un subtexto en el que no es difícil inferir lecturas sociales. El demonio no es sólo la encarnación del mal cristiano, sino un trasunto de la crisis –ideológica, económica, religiosa y un largo etcétera- estadounidense, en todas sus vertientes y a través de todas las perspectivas y posicionamientos morales.
En este sentido, La centinela se erige, sin demasiada sutileza, como un film de tesis que defiende la moral cristiana frente a la relajación de costumbres de los nuevos tiempos, representada por una vecindad de psicópatas que amenazan con salir del infierno.

El film de Michael Winner narra la historia de Alison, una joven, modelo de profesión, y de cristiana sensibilidad, angustiada por dos adulterios y sus dos intentos, cuchilla de afeitar en ristre, de suicidio consiguientes. Por un lado, descubrió las correrías degeneradas de su propio padre siendo una adolescente y, por el otro, ella misma mantiene relaciones con un hombre que estuvo casado hasta la muerte accidental de su legítima esposa. Pero sus verdaderas tribulaciones empiezan cuando se muda a un apartamento en el que comparte escalera con unos peculiares vecinos –dejémoslo ahí, de momento- y empieza a padecer delirios y fantasmagóricos acechos.
El personaje interpretado por Chris Sarandon es una suerte de santa contemporánea –pocas dudas deja al respecto el final-, instigada por el descarrío de su propia vida, muy de acuerdo con los nuevos aires de modernidad, y por la encarnación del mal más allá de las paredes y techos de su propio piso. Esta idea de lo diabólico al otro lado de la puerta remite claramente a La semilla del diablo, aunque lo que en el film de Polanski era un retrato frío y distante de las pequeñas insidias cotidianas y del deterioro psicológico de la protagonista se convierte aquí en un sanguinolento gran guiñol de ritmo frenético.
Al mismo tiempo virtud y defecto, La centinela es un batiburrillo argumental que se desarrolla a trompicones y rápidos cambios de escena, en el que se mezclan el suspense policial, la locura de Alison, la trama religiosa y el terror gótico de toda la vida, de ruidos nocturnos y claroscuros, aderezado con desvergonzados y generosos ingredientes gore.
El resultado es tosco pero jodidamente divertido, puro rocanrol, en el que sobresale el crescendo de terror cada vez más truculento, que culmina en el pandemonium final –antológica y excesiva escena- en el que incluso se utiliza a verdaderos deformes de freakshow de los de antaño.
Otro de sus aciertos es el reparto, una curiosa miscelánea de antiguas glorias –destacándose una inquietante Ava Gardner, que se reserva la frase que resume la película, los neoyorquinos sólo piensan en el dinero y el sexo-, y promesas de futuro, como los jovencísimos y muy secundarios Christopher Walken, Jeff Goldblum o Tom Berenguer.

Cerrando el círculo, se puede decir que La centinela es un buen ejemplo de muchas de las directrices del cine de terror de los setenta, en cuanto a tema, plasmación del horror físico y, sobre todo, a su trasfondo de la crisis de los valores tradicionales, de la desorientación del individuo americano.
Pero que queda lejos de lo mejor del género de su tiempo por los excesos que la apartan de una visión más realista y, por tanto, más perturbadora, aunque le hagan ganar, desde mi punto de vista, en lo que a diversión pura y dura se refiere.

Dictamen: III


2 comentarios:

Mario dijo...

Ya está indexado el post en la lista de pelis y añadido el trailer xDD

Gran trabajo!

Boris dijo...

Gracias, Mario