Golpe en la pequeña China (Big Trouble in Little China, 1986)
Una vez más regresamos a los gloriosos ochenta para revisar uno de esos ilustres productos tan propios (y al parecer exclusivos) de las factorías cinematográficas de aquellos tiempos. En este caso de la mano del irregular, pero indiscutiblemente genuino, John Carpenter.
Después de estrenar La cosa, incuestionable obra maestra de Carpenter y hasta hoy trabajo cumbre de su carrera, la trayectoria del director americano ha recorrido, aunque no escandalosamente, un incómodo camino cuesta abajo y sin frenos que lo sitúa en estos momentos rozando la decadencia (salvado por la campana del primer episodio que realizó para Masters of horror) Sin embargo, esa tenue caída a los infiernos conocería honorables intentos de remontada con filmes como, por ejemplo, En la boca del miedo o el pastiche que nos ocupa, Golpe en la pequeña china.
Huyendo de las ataduras comerciales de las grandes productoras (visto con perspectiva, quizá el gran problema de Carpenter haya sido no saber manejarse con los jerifaltes de Hollywood) nuestro autor apuesta en solitario por un producto que utiliza elementos clásicos y exóticos como el espíritu aventurero de los seriales antiguos, la estética de las pelis de Fu-manchú o el cine de artes marciales de Hong Kong, y los recicla en un formato a la manera yanqui y con protagonista occidental, que insólitamente no gustó a nadie.
Aprovechando un guión ya existente, procedente de la descartada secuela de Buckaroo banzai -delirante muestra de cine ultra-pop con guitarra eléctrica y puertas dimensionales- Carpenter se atreve con un argumento mezcla de géneros y estilos, a priori muy atractivo aunque innegablemente arriesgado.
Los responsables del texto (entre ellos Gary Goldman, quien más tarde participaría en Desafío total) también intentaron aprovechar las fórmulas del éxito del cine aventurero contemporáneo, planteando un Jack Burton muy cercano a los célebres personajes que había popularizado Harrison Ford con Indiana Jones y, sobre todo, con el contrabandista galáctico Han Solo. Russel da el pego como héroe circunstancial, bastante bocazas y aparentemente egoísta, pero que al final se descubre noble y con un corazón de oro a pesar de su camiseta de tirantes. La relación con la chica protagonista (Kim Catrall, famosa por su inquieta entrepierna: Lassie en Porky´s y ninfómana en Sexo en Nueva York) también recuerda a la sagrada trilogía y, aunque con menor brillantez, Burton evoca al capitán Solo intentando seducir a la esquiva princesa Leia, si bien con un final diferente en esta ocasión.
-¿No vas a darla un beso de despedida?
-No.
Por otro lado, las secuencias de acción son rodadas al viejo estilo aunque importando (mucho antes que los hermanos Wachowski) brillantes coreografías de artes marciales y útiles cables que permiten a los contendientes permanecer largo tiempo suspendidos en el aire mientras se dan estopa. De ellas sólo se echa de menos cierta dosis de salsa de tomate.
La influencia oriental no sólo está refrendada en la estética sino también en las formas y las referencias a cierta vertiente del cine de ojos rasgados son constantes, buena prueba de ello son los tres Tormentas, villanos con inmenso sombrero de paja sacados directamente de los rollos nipones sobre el Lobo solitario, que pueden contemplarse en, por ejemplo, la ya comentada Asesino del Shogun.
En el terreno de lo estrictamente cinematográfico, uno de los factores de mayor importancia en la cinta es su ritmo frenético que, aunque perfectamente ordenado y correcto, no deja ni un minuto para el respiro; demostrando que es posible hacer filmes a buen ritmo sin utilizar flashes, travelings digitales o giros de cámara mareantes.
Sin olvidar unos efectos especiales más que correctos, con divertidos monstruos, luchadores eléctricos y cuerpos explosivos en su haber (Sin embargo el paso atrás respecto a La cosa es significativo y la falta de medios irá lastrando la carrera de Carpenter hasta culminar en la lastimosa Fantasmas de Marte)
Por último, sería inadmisible concluir la reseña sin recordar los chascarrillos con que nos deleita Jack Burton:
-¡Ese tipo mide dos metros!
-Ya será menos…
Y la banda sonora, no demasiado resultona pero simpática por su sabor retro.
En definitiva, Golpe en la pequeña China es una buena pieza de entretenimiento de las que ya no se ven, simpática y agradable a la vista. Un revisionado de la cinta deja en evidencia lo pretenciosas que resultan muchas de las producciones actuales del género. Incluso las más casposas, como la inefable Eragon, se descubren poco inclinadas a reírse de si mismas.
¿Alguien puede tomarse las cosas un poco menos en serio?
Dictamen: III
Después de estrenar La cosa, incuestionable obra maestra de Carpenter y hasta hoy trabajo cumbre de su carrera, la trayectoria del director americano ha recorrido, aunque no escandalosamente, un incómodo camino cuesta abajo y sin frenos que lo sitúa en estos momentos rozando la decadencia (salvado por la campana del primer episodio que realizó para Masters of horror) Sin embargo, esa tenue caída a los infiernos conocería honorables intentos de remontada con filmes como, por ejemplo, En la boca del miedo o el pastiche que nos ocupa, Golpe en la pequeña china.
Huyendo de las ataduras comerciales de las grandes productoras (visto con perspectiva, quizá el gran problema de Carpenter haya sido no saber manejarse con los jerifaltes de Hollywood) nuestro autor apuesta en solitario por un producto que utiliza elementos clásicos y exóticos como el espíritu aventurero de los seriales antiguos, la estética de las pelis de Fu-manchú o el cine de artes marciales de Hong Kong, y los recicla en un formato a la manera yanqui y con protagonista occidental, que insólitamente no gustó a nadie.
Aprovechando un guión ya existente, procedente de la descartada secuela de Buckaroo banzai -delirante muestra de cine ultra-pop con guitarra eléctrica y puertas dimensionales- Carpenter se atreve con un argumento mezcla de géneros y estilos, a priori muy atractivo aunque innegablemente arriesgado.
Los responsables del texto (entre ellos Gary Goldman, quien más tarde participaría en Desafío total) también intentaron aprovechar las fórmulas del éxito del cine aventurero contemporáneo, planteando un Jack Burton muy cercano a los célebres personajes que había popularizado Harrison Ford con Indiana Jones y, sobre todo, con el contrabandista galáctico Han Solo. Russel da el pego como héroe circunstancial, bastante bocazas y aparentemente egoísta, pero que al final se descubre noble y con un corazón de oro a pesar de su camiseta de tirantes. La relación con la chica protagonista (Kim Catrall, famosa por su inquieta entrepierna: Lassie en Porky´s y ninfómana en Sexo en Nueva York) también recuerda a la sagrada trilogía y, aunque con menor brillantez, Burton evoca al capitán Solo intentando seducir a la esquiva princesa Leia, si bien con un final diferente en esta ocasión.
-¿No vas a darla un beso de despedida?
-No.
Por otro lado, las secuencias de acción son rodadas al viejo estilo aunque importando (mucho antes que los hermanos Wachowski) brillantes coreografías de artes marciales y útiles cables que permiten a los contendientes permanecer largo tiempo suspendidos en el aire mientras se dan estopa. De ellas sólo se echa de menos cierta dosis de salsa de tomate.
La influencia oriental no sólo está refrendada en la estética sino también en las formas y las referencias a cierta vertiente del cine de ojos rasgados son constantes, buena prueba de ello son los tres Tormentas, villanos con inmenso sombrero de paja sacados directamente de los rollos nipones sobre el Lobo solitario, que pueden contemplarse en, por ejemplo, la ya comentada Asesino del Shogun.
En el terreno de lo estrictamente cinematográfico, uno de los factores de mayor importancia en la cinta es su ritmo frenético que, aunque perfectamente ordenado y correcto, no deja ni un minuto para el respiro; demostrando que es posible hacer filmes a buen ritmo sin utilizar flashes, travelings digitales o giros de cámara mareantes.
Sin olvidar unos efectos especiales más que correctos, con divertidos monstruos, luchadores eléctricos y cuerpos explosivos en su haber (Sin embargo el paso atrás respecto a La cosa es significativo y la falta de medios irá lastrando la carrera de Carpenter hasta culminar en la lastimosa Fantasmas de Marte)
Por último, sería inadmisible concluir la reseña sin recordar los chascarrillos con que nos deleita Jack Burton:
-¡Ese tipo mide dos metros!
-Ya será menos…
Y la banda sonora, no demasiado resultona pero simpática por su sabor retro.
En definitiva, Golpe en la pequeña China es una buena pieza de entretenimiento de las que ya no se ven, simpática y agradable a la vista. Un revisionado de la cinta deja en evidencia lo pretenciosas que resultan muchas de las producciones actuales del género. Incluso las más casposas, como la inefable Eragon, se descubren poco inclinadas a reírse de si mismas.
¿Alguien puede tomarse las cosas un poco menos en serio?
Dictamen: III
























