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martes, junio 17, 2008

Desde la isla: Primera impresión de The incredible Hulk


Después de mucho tiempo sin escribir (y deseando bajar a España por vacaciones) me decido a ponerme manos a la obra nuevamente, porque de vez en cuando tengo tiempo y lo hecho de menos.
Como ya le dije a mi jefe, he decidido abandonar mi blog, y sólo de vez en cuando escribiré en EHDA. Pues bien, ayer, después de comer, me lance a ver The incredible Hulk, la última de Norton y que viene a ser la peli "oficial" de Hulk.

En contra de muchos, a mi la de Ang Lee, me pareció bastante buena. Me gustó como estaba dirigida, me gustaron los actores y sobre todo como estaba hecha. Pero sé que soy de las pocas, que piensan así, y a nadie le ha molestado la idea de una nueva peli empezando de cero, como ya se hizo con Batman begins.
He de decir que el nuevo Hulk, es como el comic. Tipo Iron Man o X-men, decide seguir la idea original y ser mas directos.

La historia todos la sabemos: Bruce Banner es un científico que tiene un serio problema después de un accidente con radiación incluida. Nuestro héroe descubre que cuando se cabrea se convierte en un monstruo grande, verde y con muy mala leche.
Como en toda historia hay una chica que le amará aunque tenga el pito verde, sea más burro que un bocadillo de chapas y rompa todo lo que toque. Porque cuando es un tío normal, cuando el bicharraco no aflora, es un ser encantador.
Nos encontramos con una trama tipo El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde; un buen hombre y una bestia en un mismo cuerpo.

Hulk tiene demasiada historia, desde el color (en principio era gris) a sus deslices con Vengadores o Defensores, pero la peli se mete en el meollo desde el principio con un Bruce perseguido por el imbecil de Gen Thaddeus, suegro y militar en busca del arma perfecta.
Norton (Bruce/Hulk) da vida a un tío triste que vive con una maldición y que se escapa todo el rato, tanto de su destino, como del gobierno. Incapaz de asumir sus poderes, intenta aprender a controlarlos y a pasar inadvertido. Pero Geen Thaddeus, no quiere perder su última oportunidad y pedirá ayuda al malvado Emil Blosky (o Abominación) que es más duro que Van damme viendo Titanic y que odia a nuestro prota, por no aceptar quien es.

He de decir que los efectos son espectaculares y aunque se nota de vez en cuando la pantalla verde, han creado un cómic en vida. Las escenas con Hulk Vs. Abomination en pantalla, donde se dan hostias, son geniales.
Tiene sus puntos cómicos, como buena peli Marvel y Stan Lee repite su momento de gloria, pero lo mejor es ver a Lou Ferrigno (el Hulk de nuestra infancia y de la serie) en un cameo y doblando la voz al monstruo.
No se hace larga, es entretenida y tiene sus buenos momentos. La chica es majeta, intenta estar al lado del monstruete y se la ve un poco ñoña, pero es tan guapa y me cae tan bien Liv Tyler que se lo perdono.
El guión es sencillo, no esperéis la panacea, pero es ágil, entretiene, se quita de movidas y va directo al grano
Norton lo hace genial, ese tío es lo mejor de momento y lleva bien eso de ser el prota, mientras que Tim Roth está brillante y da miedo como monstruo y como agente de la KGB, pa mearse encima. William Hurt también cumple y hay veces que merece un bofetón.

Palomitón asegurado (y eso que yo no como en los cines) y buenos momentos.
Por cierto, al loro con el final, que es para nota

P.D. No hay nada detrás de los créditos.

Saludos desde Londres y que la disfrutéis.

lunes, mayo 05, 2008

Iron man (2008)


Cada vez que me enfrento a una superproducción (o producción a secas) basada en superpersonajes propiedad de la Marvel se reaniman en mí los mismos temores. Aún no había llegado la peli de entretenimiento puro y para todos los públicos que, en mi opinión, diera en el clavo con las exigencias del espectador. Los creadores de largometrajes basados en superhéroes, hasta el momento, nos han tratado como idiotas y en el mejor de los casos han producido cintas mediocres, carentes de la más mínima originalidad o cariño por el referente a adaptar. La lista de pelis fallidas es larga y sangrante, creando una atmósfera de conformismo entre los aficionados tan extendida que al final da la impresión de que nos vale cualquier cosa.

La mayor parte de estas apuestas contienen sobredosis de efectos especiales, fotografía multicolor (incluso en situaciones que no lo piden) y personajes arquetípicos. Todo ello envuelto en un trapo con tufillo a robo, de tan evidentes que resultan sus ínfulas de comercialidad. Iron Man no vive al margen de esta tendencia y demuestra claramente su intención de llegar al gran público en casi cada una de las secuencias del filme (una peli en la que matan a un montón de gente pero en la que no se ve ni gota de sangre) Superando ampliamente la calificación por edades.

Sin embargo hay algo en Iron Man que es diferente, algo ausente en la mayoría de apuestas anteriores (al menos desde mi punto de vista) y esa es su capacidad para entretener. El ritmo que John Favreau le imprime al filme es extraordinario y muchos de los lugares comunes de este tipo de pelis son revisitados con éxito. Exceptuando el estupidificante mensaje moralista de la cinta, se puede decir que nada chirría en Iron Man, y eso es un punto a favor del que no goza casi ninguna de sus películas hermanas.

Robert Downey Jr. está perfecto en su papel de Hombre de Hierro. El politoxicómano actor da vida a un genio multimillonario y excéntrico mucho más parecido a la versión ultimatizada del personaje parida por Mark Millar que al Tony Stark clásico que conocimos en los tebeos de toda la vida. La pasión que ambos (personaje y actor) demuestran en ciertos momentos por el alcohol es prácticamente evitada en la película, aunque no borrada del todo ya que la primera toma de la peli nos muestra al mítico Downey Jr. con un güiscazo en la mano (detalle realmente cachondo, para que negarlo).

Otro de los puntos fuertes, al margen de las clásicas peleas superpresupuestadas (todo es muy súper en la peli) que no resultan demasiado confusas en esta ocasión, detalle muy de agradecer, es la relación entre Tony y su secretaria Pepper Potts. Gwyneth Paltrow está realmente impresionante. Guapísima de pelirroja y ejecutando con naturalidad el papel de abnegada y sempiterna enamorada del héroe despistado. La relación sentimental con más gancho mostrada en una de supers hasta el momento (cosa que no es ninguna hazaña por otra parte) sin ninguna duda.

Otro elemento muy a favor de la peli es el de Jeff Bridges en el papel de villano, aunque en la peli se le vea venir a kilómetros. El nota se sale en cada papel que acepta, y esta vez no iba a ser menos.

Iron Man, la película, es bastante fiel al personaje del papel. Retoma los orígenes del héroe (contados en mil y un ejercicios de retrocontinuidad) y los readapta de forma convincente. Por otro lado el uso de la tecnología está presentado de forma creíble y convincente dentro del marco del personaje que tenemos entre manos.

En definitiva, y ya que los puntos en contra de esta peli son los típicos de este tipo de producciones, se puede decir que Iron Man es la mejor cinta del género vomitada en el siglo XXI (que tampoco es decir mucho) Se le puede echar en cara el mensaje moralista del todo insultante, pero mejor hacer oídos sordos y disfrutar con el espectáculo.

¡Ah! Una última cosa… ¡MUY IMPORTANTE QUEDARSE HASTA EL FINAL DE LOS CRÉDITOS!

Dictamen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

lunes, abril 28, 2008

Mystery men (1999)


Porque lo habéis pedido: ¡Mystery men! ¡¡¡Mua-ja-ja-ja!!! ¡Dios, que me pongo rabioso! Ejem, no estoy seguro de si la ocasión merece tal estado de exaltación, pero bien es cierto que la película de Kinka Usher, parida allá por el año 1999, es muy querida por cierto sector del público aficionado al cine, en el que los devotos del noveno arte (y más concretamente de los justicieros en mallas) nos encontramos casi por definición.

En los años setenta Bob Burden publicaba los tebeos de Flaming Carrot bajo su propio sello, Kilian Barracks. La pequeña empresa editaría el cómic creado por él mismo de forma independiente hasta que Dark Horse (la tercera en discordia) se hiciera con los derechos del personaje años más tarde. Las aventuras humorísticas del héroe con cabeza de zanahoria (y llameante) trascendían más allá de lo meramente cómico, al menos en la mente de su perturbado creador, más inclinado a identificar su obra con el surrealismo o con Bob Dylan que a referirse al humor absurdo (ahora Chanante) de toda la vida.

En los números 16 y 17 de la colección, Burden introduce por fin a los Mystery Men, protagonistas de la cinta que tenemos entre manos. Según el mismo artista dice, y como tantas otras veces ha ocurrido, el exitoso grupo de superhéroes desastrosos fue creado con la intención de reanimar el poco éxito de otra serie, con un alcance mayor del esperado. Corría el año 1987 y los Mystery Men ya desbancaban a La Zanahoria de Fuego en popularidad.

Los personajes ideados en su momento son trasladados a la pantalla grande años más tarde con mayor o menor fidelidad. En la peli tenemos a El Pala, como en el cómic, aunque en aquellos su pala cantara. Se trata de un superhéroe con casco de minero y pala para repartir mamporros como equipo ¡tremendo! El personaje que interpreta Ben Stiller, El Hombre Furioso, y el lanzador de gases (Tira-pedos) también estaban entre los primeros Hombres Misteriosos. Antihéroes de una realidad paralela en la que los superhéroes no son algo excepcional, al más puro estilo Watchmen pero olvidando la parte dramática del asunto.

Tal y como ocurre en el cómic los Mystery Men irán engrosando sus filas a medida que avanza el metraje. De entre la disparatada lista de personalidades y superpoderes destacan, a mi modesto entender, El Rajá Azul y El Chico Invisible: el primero no viste de azul y lanza tenedores con gran destreza, y el segundo sólo es invisible cuando nadie le mira (¡¿?!). Por otro lado, la relación entre Claire Forlani (la damisela en apuros de la peli) y Ben Stiller tiene su momento álgido cuando Roy asume que en realidad no tiene demasiada mala leche ¡Grande! Toda esta ralea de personajes unida a algunos exóticos héroes más, como la intrépida mujer que carga con la cabeza de su padre dentro de una bola de bolos o el excéntrico diseñador de armas que no matan, conforman uno de los más heterogéneos y divertidos supergrupos que se recuerdan.

Mystery Men es una película sin pretensiones (al parecer, muchas menos que las del cómic) y llena de ideas muy divertidas. A la panda de supes desastrosos se le une un villano de altura interpretado por Geoffrey Rush: ¡Cassanova Frankenstein, que nombre más glorioso! Además del único superhéroe verdadero de Champion City, El Capitán Asombroso (con un descacharrante final imposible de olvidar) Llegados a este punto, la sucesión de gags más o menos acertados es continua, así como los guiños y referencias a los tebeos de superhéroes de toda la vida.

Personalmente creo que el resultado final es más que correcto y bastante por encima de las antipáticas aventuras vomitadas por Bob Burden sobre el papel. Al menos en lo que a la zanahoria de los #$%&=* se refiere, que como veis no he logrado digerir con facilidad. Aunque siempre viene bien comparar con el referente literario, diría que en esta ocasión la diversión sin complejos de la peli supera a la absurdez sin gracia del original. Opinión ésta quizá un tanto deformada por la ingesta acelerada y masiva de los tebeos que aquí se comentan.

Dictamen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!



martes, abril 15, 2008

Rocketeer (1991)


Dave Stevens, creador de Rocketeer, falleció el pasado día diez de marzo a la demasiado prematura edad de 52 años. Las aventuras del Hombre-cohete, seguramente su creación más popular, conocieron una adaptación al cine en al año 1991, proyecto en el que el propio Stevens participó en labores de producción. Desde aquí queremos rendir un particular y humilde homenaje a su figura revisando una cinta que pasó bastante inadvertida en su momento y que es necesario rescatar.

Joe Johnston, director definitivo de la película, siempre se declaró fan de los tebeos de Dave Stevens. El estilo retrofuturista (un término del que hablaremos más adelante) ambientado en los años treinta y muy relacionado con el ámbito de la aeronáutica encajaba a la perfección con su conocida filia por el mundo de los trastos voladores (en especial los de esa época) justo antes de que los aviones a reacción restaran un importante halo de romanticismo al mundillo.

Tras un periodo de pleitos y problemas durante los que el proyecto iba y venía con cambios en la dirección y sufridas vueltas y revueltas al libreto, finalmente la Disney otorgó el proyecto a Johnston. Fiel al espíritu del cómic que Stevens había creado allá por el año 1982, Johnston intentaría recrear ese ambiente de hangar y aviones a hélice tipo años 30 con todas sus fuerzas. La sencillez e ingenuidad connatural el cine de aquellos tiempos está intacta en Rocketeer, tanto como lo estaba en los tebeos, y la pretensión de ampliar el espectro de la época más allá de garajes y gángsteres también existe en la cinta. Todo el metraje está plagado de referencias iconográficas de aquella época, como el aspecto de Betty Page que luce una jovencita Jennifer Connelly (con un estilo pin-up que también haría famoso a Dave Stevens) el descarado parecido que Timothy Dalton presenta con Errol Flyn o la inclusión de Howard Hughes en la trama como creador de la mochila cohete que los nazis pretendían robar (y no fabricada directamente por ellos como en los cómics)

Los 35 millones de dólares que la compañía del ratón Mickey malgastó en esta peli se hacen notar en cada segundo del metraje. La ambientación, el atrezzo y los vestuarios hacen justicia a la categoría de superproducción que alcanzaría el presupuesto de la película. Los efectos especiales del vuelo con motor (a la espalda) serían lo más revolucionario de la cinta, muy comentados en aquellos tiempos y salidos directamente de las oficinas de Light & Magic, empresa de FX propiedad de George Lucas.

A pesar de la corrección formal y de la muy de agradecer elección clásica a la hora de rodar, Rocketeer se queda a las puertas de ser una gran película. Lo cierto es que la cinta inspira ciertas dosis de frialdad a pesar del cariño invertido por sus creadores. Se puede decir que todo es demasiado correcto en ella, sin sobresaltos, sin nada que reprochar pero tampoco nada que haga que se nos ponga la piel de gallina. Todo está en su sitio en Rocketeer y sin embargo le falta algo, una chispa que no sabría explicar.
Quizá uno de los defectos que se le podrían achacar es no haber explotado con más fuerza el potencial de la estética retrofuturista comentada más arriba, aquella que propugna escenas del futuro imaginadas en el pasado. Género moderno que hasta ahora sólo ha logrado cotas altas de calidad en la versión en cómic de La liga de los caballeros extraordinarios.

En definitiva, Rocketeer es una buena peli a la que le falta un poco de sal y pimienta para ser grandísima. Aún así el resultado final fue muy del gusto de Dave Stevens, al que desde aquí abajo mandamos un saludo.

Dictmanen: II


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

sábado, abril 05, 2008

Superman II (1980)


Después de repasar la primera entrega de las aventuras de Superman, en esta ocasión vamos a centrarnos en su hermana pequeña, Superman II. La película dirigida por Richard Donner y rematada por Richard Lester se filmó simultáneamente a la primera cinta (al menos en su mayor parte) en un proceso de producción rodeado de de múltiples sinsabores.

Después del éxito de Superman en 1978 aún quedaba por rodar una pequeña parte de lo que sería su secuela. Llegados a este punto, y con los bolsillos llenos de dólares, los productores Alexander e Ilia Salkind proponen a Donner una serie de cambios en la historia que el director americano no aceptará. Desvinculado del proyecto, Donner cede el testigo a Richard Lester, quien reinventa la película de acuerdo a las exigencias de los Salkind, refilmando más de la mitad del metraje y convirtiendo Superman II en esa pieza tan freak, tan aplaudida y tan inclasificable que hoy día conocemos.

La trama gira entorno a los tres proscritos del planeta Kripton que Jor-El juzgara al comienzo de la primera peli. El general Zod, Ursa y Non escapan de la Zona Fantasma por obra y gracia de una bomba H depositada por el propio Superman en el espacio. En la versión de Donner, esta secuencia unía la peli directamente con la primera, siendo el proyectil nuclear que Superman ponía en órbita en aquella el que liberaba a los villanos. Lester sustituyó esa escena por el delirante rescate en la Torre Eiffel, bomba H manejada por terroristas torpes incluida.

Las escenas rodadas por Lester hacen hincapié en los aspectos cómicos de la cinta, que contrastan con el carácter oscuro y pesimista de toda segunda entrega que se precie. Aquí Superman se enamora y decide voluntariamente perder sus poderes para poder vivir una vida normal junto a Lois, poderes que recuperaría sin muchas explicaciones, seguramente debido al lío de montajes y remontajes que sufrió el proyecto. Llegado el momento, Clark recibe una buena tunda a manos de un humano cabreado, mostrando la cara más indefensa del héroe.

La visión que Lester y los Salkind tenían del Superhombre incluía otorgarle nuevos poderes (como si no tuviera suficientes) Algunos totalmente estrafalarios e inolvidables, como aquella S enorme de celofán con la que El último hijo de Kripton atrapa a Non; y otros totalmente indescriptibles y válidos únicamente como lazo para asegurarse innumerables secuelas, como el beso que borra memorias ¡Para mear y no mojar!
Detalles tan delirantes como estos, unidos a las precursoras secuencias de violencia a gran escala entre supertipos y a la solemne interpretación de Terence Stamp como General Zod (repitiendo una vez tras otra “¡Arrodíllate ante mí!”) hacen que Superman II sea una delicatesen sólo apta para paladares prevenidos y adaptados.

Los actos rodados por Donner (los que no se perdieron) han sido remontados recientemente por el propio director para una edición especial en DVD. Llenando algunas lagunas con segmentos filmados por Lester, Donner compone una película prácticamente nueva de la que seguramente podría hablarse por separado.
Quizá el elemento más importante de esta nueva cinta (digna de verse, os lo aseguro) es la reincorporación de las secuencias en las que aparece Marlon Brando como Jor-El, eliminado de la peli originaria supongo que por temas de parné. En la versión de 1980 sólo podíamos ver a Lara, madre del kriptoniano, en La fortaleza de la soledad… situación que cortaba en cierto modo la continuidad con la primera entrega, restablecida así en el montaje del director.

Concluyendo, Superman II es una joya freak que muchos no podemos despreciar e incluso no nos queda más remedio que encumbrar. Y si eso no es motivo suficiente para otorgarle un revisionado siempre queda la versión del director, con altibajos connaturales a la falta de metraje, pero muy interesante en cualquier caso.

Dictmanen: III


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

miércoles, marzo 12, 2008

Superman (1978)


De todas las cosmogonías mitológicas que ha parido el difunto siglo veinte, sin duda una de las más importantes (seguramente la que más repercusión cultural ha provocado) ha sido la de nuestros queridos superhéroes. Si la comparamos con, por ejemplo, los populares mundos de fantasía heroica deudores directos del mítico Tolkien, queda claro que la mitología superheroica es mucho más connatural a la edad moderna. Héroes del presente que actúan sobre el asfalto y el cemento, visten colores chillones y, en algunos casos, sufren las debilidades propias de nuestro tiempo. Miles de superhombres (y supermujeres) en mallas convertidos en iconos pop, en ningún caso deudores de fábulas clásicas e incrustados desde principios de siglo y para siempre en el imaginario colectivo.

Si lo superheroico, como género, representa uno de los puntales de la cultura pop, está claro que Superman es su máximo exponente, y por ende uno de los más grandes iconos pop del momento, perfectamente comparable al anterior Papa, a Madonna, a Marilyn Monroe o a cualquier otro que podáis imaginar. Visto así, y como no podía ser de otra forma, el cine y la televisión han explotado ese tirón contracultural del último hijo de Kripton casi desde sus orígenes, allá por 1938 de la mano de Joe Shuster y Jerry Siegel para el número uno de la revista Action comics.

En los años 40 los estudios Fleischer utilizaron la imagen del Superhombre para elaborar algunos cortos de animación (a la venta en DVD desde hace poco y en castellano neutro). Más tarde, en los 50 se emitió la mítica serie de imagen real con el malogrado George Reeves como protagonista. Y así se suceden las producciones audiovisuales con el alter ego de Clark Kent en funciones de estrella principal. Si bien todas estas apuestas, aunque entrañables, no estaban auspiciadas por la raquítica tecnología del momento (patente sobremanera en las entregas de imagen real) no hubo más que esperar a 1978 para que la Warner decidiera afrontar un proyecto serio y de gran presupuesto, como bien merecía el famoso extraterrestre protector del planeta Tierra.

Superman puede considerarse la primera superproducción superheroica afrontada por una gran firma (todo muy súper, como no podía ser de otro modo) Sin avistar ni de lejos la tecnología digital que hoy día facilita mucho las cosas a la hora de filmar supertipos, los estudios hacen a Richard Donner responsable de llevar a la pantalla un libreto elaborado por el prestigioso escritor Mario Puzzo, ya encumbrado por las dos primeras entregas de El padrino. Un Richard Donner prácticamente desconocido por aquel entonces, curtido en televisión y responsable de alguna producción menor, que se popularizaría definitivamente tras Superman.

Christopher Reeve da vida a Clark Kent, otorgándole el rostro más popular del personaje, con ese mítico peinado con churrulillo en la frente, tan propio de nuestro héroe desde sus inicios y deudor de la etapa Byrne de la serie. Valorar la interpretación del malogrado (éste también) actor americano es, visto con perspectiva, un ejercicio de futilidad. Christopher Reeve es Superman, y poco más se puede decir.

En el lado del inevitable archienemigo, que se constituye como contrapartida indispensable al modélico héroe en este tipo de pelis, tenemos a Gene Hackman como Lex Luthor. Sobre sus hombros recae la mayor parte de la carga cómica del filme, muy presente a lo largo de todo el metraje y a la que el libreto da mucha importancia. Hackman interpreta a un cáustico Luthor rodeado de inútiles y dominado por delirios de grandeza totalmente delirantes. El sentido del humor manejado a la perfección por Hackman confiere a la cinta unas dosis de liviandad y simpatía extraordinarias, muy de agradecer.
El tercer actor inolvidable que aparece en la película, brevemente eso sí, es el legendario Marlon Brando en el papel de Jor-El. Su presencia es casi anecdótica, pero supone un síntoma inequívoco de la fortísima apuesta que hizo la Warner por el producto que tenemos entre manos.

Superman es seguramente la mejor película del personaje realizada hasta el momento. Fundamentada en una serie de dificultades más o menos terrenales que nuestro E.T. debe combatir, la cinta está plagada de secuencias para el recuerdo, como la intervención en la falla de San Andrés, el rescate del helicóptero o las míticas vueltas alrededor de la Tierra para hacer retroceder el tiempo ¡Impagable!
La ausencia de supervillano se solucionó más adelante con las tres secuelas que originaría la peli, más o menos afortunadas y que comentaremos aquí a su tiempo. Además las características de esta entrega se repetirían muchos años más tarde en Superman Returns, prácticamente un remake dirigido por Bryan Singer.

En definitiva, Superman es un clásico fundacional al que nunca le sobra un revisionado, sólo superado por su secuela, Superman II.

Dictamen: IV

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

viernes, febrero 15, 2008

30 Días de oscuridad (30 Days Of Night, 2008)


Con algunas semanas de retraso respecto a su estreno en los USA, desde este mismo viernes se puede contemplar en salas de todo el país 30 Days os night, la película que adapta el trabajo realizado originalmente por Ben Templesmith, a los lápices, y Steve Niles, a cargo de la historia. Tebeo homónimo al menos en su versión yanqui, ya que por aquí la cinta ha sufrido un pequeño cambio en el título, sustituyendo el original 30 Días de noche por un menos prosaico 30 Días de oscuridad.

Steve Niles desarrolló la historia de los vampiros que se trasladan a una semiaislada población en Alaska en la que durante treinta días al año no sale el sol (con lo que eso supone para los clásicos chupasangre) como un proyecto destinado a las salas de cine. Cuando aún era un desconocido, paseó el libreto por varias productoras que lo rechazaron, así como las primeras editoriales, como Dark horse, a las que tanteo una vez dado por vencido. Finalmente la pequeña e incipiente IDW Publishing se arriesgó con la iniciativa y la publica en 2002, acompañada de unas geniales ilustraciones a cargo de Ben Templesmith, un desconocido “imitador” de Ashley Word por aquel entonces.

Una vez constatado el gran éxito del tebeo, David Slade se fija en él para (esta vez sí) realizar su versión en pantalla grande. Ayudándose de Steve Niles entre los guionistas, como no podía ser de otro modo, el director de la furiosa y experimental Hard candy (que triunfara en Sitges hace un par de ediciones) abandona el territorio outlier y se deja llevar por una propuesta de mayor presupuesto y ambiciones.
Si una de las características principales de la ópera prima del director fue el horror sutil del que hacía gala la impresionante lolita Ellen Page (famosa ahora por la premiadísima Juno) Slade abandona aquellas pretensiones para internarse en un territorio mucho más burdo y gore. Nada desdeñable si ciertamente se viera algo.

30 Días de oscuridad, publicitada como una de las pelis en la que más sangre artificial se ha utilizado, intenta ser un film de horror al viejo estilo. Los vampiros protagonistas, despojados del carácter romántico que en ocasiones se les supone, no son más que hambrientos monstruos que esencialmente “se comen” a sus víctimas. Su aspecto físico dista mucho del de Gary Oldman en el Londres victoriano, por ejemplo, y su modus operandi es mucho menos delicado. Este planteamiento deshace cualquier tipo de relación entre antagonistas, situando la acción en la simple y efectiva lucha por la supervivencia durante los treinta días de noche.
La declaración de intenciones sería, a priori, suficientemente llamativa si no fuera por la sensación de desinterés que despierta todo el filme. Desinterés por parte de los espectadores, que en ningún momento conectan con la trama, ni con sus protagonistas (que van cayendo poco a poco sin despertar ningún tipo de emoción); y desinterés por parte de los realizadores, que ejecutan el largo con lo justo y necesario, haciendo gala de un montaje como mínimo extraño, en el que parece se hayan comido partes del rollo.

Los actores no inspiran ni frío ni calor (Josh Hartnett debería empezar a cuidar más sus elecciones) y el cámara de turno vuelve a ser, otra vez, enfermo de Parkinson. La mayoría de las escenas de acción son infumables, realizadas con muy poquitos recursos y disimuladas con los giros y piruetas de cámara tan de moda hoy día.
La peli contiene muchos de los elementos habituales en este tipo de cintas, pero ni revisitados ni mejorados, simplemente copiados con muy poca gracia. El personaje entrañable que es mordido y se transforma en contra de su voluntad, la bestia parda que se sacrifica por los demás, la delicada heroína y su valiente caballero… Uno tras otro van cayendo los tópicos del género sin despertar ningún tipo de simpatía, hasta llegar a un desenlace ya visto en la pantalla grande no mucho antes y a manos de un director más capaz.

De la peli se salvan un puñado de escenas gore sensacionales y poco más. Quizá el montaje del director nos ofrezca una versión más interesante de la historia, en la que, al menos, los hechos transcurran de forma coherente.

Dictamen: II

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

martes, enero 15, 2008

Batman begins (2005)


La polémica está servida. Detractores y entusiastas de la peli de Cristopher Nolan se enfrentan a partir de ahora en un duelo sin cuartel. Yo por mi parte me declaro en contra de esta producción y me atrevo, incluso, a tildarla de tomadura de pelo.

Recuerdo que la peli me causó una notable impresión al verla por primera vez en una sala de cine. Las algo más de dos horas de metraje contienen buenos momentos apoyados fundamentalmente en los fabulosos secundarios (inmejorables diría yo) Michael Caine, Morgan Freeman o Gary Oldman bastan para hacer que la película gane muchos enteros. El primero clava el papel de Alfred, con ese toque de cinismo de mayordomo inglés tan a su medida. Morgan Freeman, como Lucius Fox, posee menos líneas de diálogo (detalle muy de agradecer, visto con perspectiva) pero su personaje resulta fresco y amable, de lo mejor de la peli. Y por último Gary Oldman como el teniente GordonGary Oldman es Gary Oldman, y poco más hay que yo pueda decir al respecto.
En un principio disfruté con la génesis del personaje. Me gustaron aquellas primeras secuencias en las que se veía a Bruce como Batman y recuerdo sonreír con ciertas frases citables que ahora no recuerdo (lo que me lleva a pensar que no eran tan buenas).

Al volver a ver el filme, de nuevo en el cine, volví a disfrutar en menor medida de estos aciertos, y sin embargo ya se me hacían muy cuesta arriba las debilidades de la peli. Un revisionado deja en evidencia el guión atroz perpetrado por el propio Nolan junto a David S. Goyer, creo que el peor escritor de Hollywood, del que he visto muchas más pelis de las que me gustaría, salvado quizá en Blade II.
El libreto mezcla los acontecimientos narrados en el genial cómic de Frank Miller, Batman: Año Uno, con un personaje clásico revisitado para la ocasión como es Ra’s Al Ghul, además de incrustar con calzador al Espantapájaros así como al mafioso Falcone y otras piezas del universo batmaniaco. El mejunje que se obtiene como resultado es una historia sin pies ni cabeza con unas pretensiones de realidad que la desmontan por completo.
Los personajes hablan y hablan -sin parar- todo el tiempo dando vueltas a los mismos planteamientos. Los discursos de Rachel Dawes (la inefable coneja Katie Holmes, actualmente en el descrédito más absoluto) me resultan decididamente insufribles, ¡que alguien calle a esa mujer, por dios! ¿A quién le interesa esa parrafada que nos suelta delante del local de Falcone?
El personaje de Liam Neeson también duele lo suyo ¿hace falta rajar tanto para expresar tan poco? El tío no se calla ni debajo del agua. Al tercer intento de hacer entender a Bruce el modus operandi de la Liga de las Sombras el respetable ya empieza a pensar en el perrito caliente de después… vaya brasas. No sé la cantidad de veces que el texto puede repetir la palabra ‘miedo’, pero lo cierto es que no hace falta tanta cháchara para explicar unos conceptos tan sencillos.

El guión hace aguas por todas las partes. Si bien ha quedado claro que, en mi opinión, los diálogos se caracterizan por ser lo menos conciso que he visto nunca, también son dignos de reseñar algunos pasajes absurdos como el evaporador de agua (menuda estupidez, de verdad) o la tontería del tren que termina en la torre Wayne. Aspectos que resultan más absurdos aún teniendo en cuenta las pretensiones de realidad del filme.
A todo esto añadimos la manía de relacionar directamente a los malos con Bruce, con el único fin de justificarle moralmente aún más, si es que sus eternas conferencias no lo habían hecho ya. Primero el yonki que mató a sus padres, después que no, que fue Falcone… al final resulta que tampoco: detrás de todo estaba Ra’s Al Ghul. Unos trucos de guión tan infantiles que al estar disfrazados con traje de adulto resultan difíciles de digerir.

Para acabar de rematarlo (al guión, digo) entra en juego el desarrollo de la figura de Wayne Senior como tipo capitalista modélico capaz de rescatar de la crisis a toda una ciudad, en vez de pensar enriquecerse él mismo únicamente. El cuento que sólo se creen en el los USA de que una persona con mil millones produce más que mil personas con un millón, y el sueño americano, y bla, bla, bla. Todo explicado muy despacito y frase a frase como si fuéramos idiotas.

No obstante, aunque parezca lo contrario, no es esto lo que más me indigna de la peli. Incluso podría pasarlo por alto desconectando el chip de exigencia neuronal y espaciando los revisionados en al menos cinco años. Lo que más me jode (hablando claro) de Batman begins son las secuencias de acción. En ellas no se ve absolutamente nada, y cuando digo nada, es nada.
Algunos pueden justificarlo aludiendo al carácter oscuro del héroe, y defendiendo que eso es precisamente lo que busca el director, que no se le vea cuando lucha… Bueno, pues no estoy de acuerdo. Esa teoría puede ser válida para las primeras escenas en las que sale el murciélago, pero ¿y en el resto? El combate con katanas en el hielo, la pelea en la cárcel o la persecución con el Batmóvil no pretenden ser oscuras ni misteriosas. Simplemente no se ve nada porque el director así lo ha querido.
En el típico duelo final ¡la cámara no apunta a los protagonistas! ¿Que se supone que están filmando? En un vagón iluminado como ese es difícil que nuestro héroe se oculte en las sombras, por lo tanto los motivos del director para filmar de esta forma solo pueden ser dos:

a) - No tiene dinero para pagar a un cámara abstemio.
b)- Quiere disimular su incapacidad.

Ya se sabe que éste es un mal endémico en el cine actual, pero es que en esta peli se sale del pellejo. ¿Por qué rodar así? Me lo pregunto constantemente… ¿Por qué? Pues puede que…

1 - La culpa la tenga Oliver Stone. Ese tío ha jodido el cine con su lenguaje vídeo clip. Seguro que si llega a saber que le iban a imitar, y encima tan mal, se hubiera cortado de hacer Asesinos Natos.
2 - Los chavales de ahora capten el doble de imágenes por minuto que nosotros y las películas del año 95 para abajo les parezcan caracoles.
3 – Como el cine digital da la posibilidad de realizar encuadres imposibles, vamos a aprovecharnos de ello aunque sea para mal.

Basta de rajar por hoy y quedaos con la reflexión. Tampoco me toméis muy en serio que ni yo mismo me creo del todo lo que digo, si al final la peli está entretenida y la banda sonora se sale.

Dictamen: II

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

lunes, diciembre 17, 2007

Timecop. Policía en el tiempo (Timecop, 1994 )


La película de Peter Hyams, Timecop, es, por méritos propios, mucho más famosa que el cómic de Mark Verheiden y Ron Randall; creación esta que en su día pasó harto inadvertida y de la que no se explica su adaptación al cine si no es comparándola con lo inexplicable de otras series que la editorial Dark Horse consiguió que fueran adaptadas también.
Si bien Dark Horse se apoyó en el mundo del cine cuando daba sus primeros pasos (aquellos míticos tebeos de Alien, Predator o Terminator) más tarde conseguiría que muchas de sus series fueran trasladadas al celuloide, alcanzando finalmente casi tantas adaptaciones en cartel como si de una de las majors se tratara. Maniobra sorprendente y difícil de creer que proporcionó algunos superéxitos comerciales como La máscara.

En este contexto surge Timecop. A partir de un libreto que adapta el cómic del mismo nombre (con los creadores de este a las riendas) se firma una apuesta de ciencia-ficción de bajo presupuesto y confusas pretensiones.
El intento por reanimar viejas glorias del cine de género es cómo mínimo conmovedor. Las por aquel entonces decadentes carreras del mítico Jean-Claude Van Damme y de Peter Hyams respirarían algo de aire fresco, prolongando un poquito más su estancia en la cima antes del salto al vacío. A pesar de lo mediático que podía resultar el belga allá por 1994 lo cierto es que, visto con perspectiva, Timecop entra ya en su decadencia, empobrecido para mí a partir de la extraordinaria Blanco humano. Por otro lado el director de la cinta, quien había firmado algunas piezas más que notables de la ciencia-ficción ochentera como 2010 o Atmósfera cero, daba sus últimos pasos en el (semi)mainstream para terminar, años más tarde, rodando subproductos del calibre de El sonido del trueno.

La trama de la peli, similar a la del tebeo, narra las aventuras de Max Walker, agente de la Comisión de Control del Tiempo con la misión principal de impedir a los malutos de turno que viajen a través de este e intenten modificar el pasado para su propio beneficio. De entre los escenarios que visita el agente temporal destaca la guerra civil estadounidense y la era del crack de la bolsa de Nueva York, situaciones en las que algún malhechor intenta lucrarse valiéndose de útiles conocimientos acarreados desde el futuro.

Es este el planteamiento más interesante y original de la peli, poco explotado también en el tebeo, que deriva rápidamente en una embarullada trama de paradojas temporales con políticos corruptos y novias asesinadas de lo más convencional. Si bien disfrutamos viendo a Van Damme repartir estopa en los años 20 (con su peculiar e inolvidable estilo bailarina) o siendo testigos de un robo con armas automáticas del oro sureño en la Guerra de secesión, rápidamente decae el interés, liándose el guión con un argumento de corrupción senatorial a través del tiempo lleno de agujeros, y fracasando el enfoque sensiblero y empalagoso que el director otorga a la poco creíble relación amorosa de la cinta –por no mencionar los batacazos que pega Frank Dux… digo, Van Damme cada vez que intenta expresar algún tipo de emoción romántica-

Los efectos especiales de Timecop son muy modestos y, al margen de las pompas digitales con que nos obsequian cada vez que hay un salto en el tiempo, hay que decir que existe la sensación de que no se han gastado un duro en diseño de producción. El hipotético futuro en el que se domina el viaje temporal es de cartón piedra, y eso siempre que se hayan molestado en disimular la fecha en la que supuestamente se sitúa la acción. Mención especial para el descacharrante vehículo de Walker… no hay palabras.

Para ir acabando resta decir que ya se está cociendo un remake de la peli, como se puede leer aquí.

Resumiendo, Timecop. Policía en el tiempo es una producción serie b que consigue entretener a pesar del tiempo excesivo empleado en unas vueltas de guión desastrosamente rematadas. El poco cariño que demuestran algunas facetas de la producción (las pintas de los matones son de órdago) no consigue fusilar la propuesta definitivamente, pero sí obliga a que nos acerquemos a ella con recelo. Por tanto, regulera.

Dictamen: II


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!



viernes, noviembre 16, 2007

Batman vuelve (Batman returns, 1992)


Esta claro que cuantificar la calidad de un producto de entretenimiento puede resultar un ejercicio de subjetividad enorme, y no podría ser de otra forma en el mundillo del cine. La supuesta eficacia de la cinta de la que vamos a hablar solo está refrendada por una vulgar opinión (la mía) que puede ser contradicha, y de hecho lo será, en cualquier momento.
Y es que el filme que revisamos en esta ocasión quizá no sea del agrado de todos. Al ponerme enfrente del teclado y empezar a ordenar las ideas sobre Batman Vuelve, me doy cuenta de que lo primero que me viene a la cabeza es la tradicional disputa entre detractores y amantes de esta película.
Hay unanimidad entre los fans del Hombre murciélago en decir que la primera entrega del Batman dirigido por Tim Burton es extraordinaria. Ya comentamos en su día como el excéntrico realizador supo captar a la perfección las características oscuras y casi anti-heroicas del personaje reinventado por Frank Miller, y trasladarlas a la gran pantalla sin olvidarse de aplicar su sello personal y esa forma tan particular de concebir el cine. Jack Nicholson dio vida a un Joker absolutamente inolvidable y Michael Keaton fue asumido por todos como un Caballero oscuro más que notable.
Sin embargo a la hora de analizar su continuación, que llegaría unos años más tarde, los aficionados no estuvieron tan de acuerdo. Un sector de los espectadores despreció la cinta por considerarla absurda, ñoña y disparatada. Otro (en el que me incluyo) aupó el proyecto a una categoría superior a la de su predecesora.

Se podría decir, sin miedo a la equivocación, que Batman vuelve es un producto moderadamente personal. Burton desplegó toda su creatividad en esta cinta, con lo bueno y lo malo que esta decisión arrastraría. La estética, mezcla de goticismo tétrico con ambientes navideños, es arriesgada y sorprendente a partes iguales. El enfoque, casi de macabro cuento para niños, que el director decidió insuflarle a sus personajes no fue bien recibido por todas las audiencias. El humor negro que triunfó en la edición anterior también existe aquí, y sino mirad al Pingüino conduciendo el Batmóvil de juguete, pero la caricaturización extrema de las situaciones (¿un ejercito de pingüinos?) no fue aprobada por el gran público de la misma forma.

Lejos de utilizar personajes arquetípicos, tan habituales en las historias de superhéroes, el guión describe esta vez a un trío de rarezas (Catwoman, El pingüino y el propio Batman) que se disfrazan de una u otra forma para disimular su verdadera naturaleza. La línea entre el bien y el mal es más fina ahora y la diferencia entre Bruce Wayne y sus antagonistas no está tan clara.

La mujer-gato actúa de tal modo que su homónima nunca haría. Al enfundarse en látex, Selina Kyle (espectacular Michelle Pfeiffer) se transforma en una versión apasionada, oscura y sin ataduras de si misma, que puede convertirla tanto en heroína como en villana. La relación paralela Bruce/Selina, Batman/Catwoman está extraordinariamente llevada y se convierte en uno de los motores del filme.
Por otro lado, El pingüino se presenta como un personaje vengativo y violento pero que, en última instancia, da buena muestra de sus sentimientos y sus circunstancias. Al contrario de lo que casi siempre ocurre en Hollywood, donde el villano de turno trama la fechoría más desagradable justo antes de morir, en este caso Burton nos muestra el lado más humano y débil de Oswald Cobblepot justo antes de matarle. Este detalle da una fuerza muy importante al personaje, unido a la maravillosa intro de la peli con la cuna del pingüinito echada al río en un ejercicio cien por cien burtoniano. A pesar de la nominación a los Razzies de Danny DeVito por esta interpretación, yo me declaro defensor del personaje.

Para completar el hipercomercial elenco electoral (como siempre en las pelis de Batman) un excepcional y muy particular Christopher Walken da vida al manipulador maluto en la sombra al que la jugada acaba saliéndole mal. El nombre del personaje en la peli es el de Max Shreck; directamente sacado del mítico actor que interpretara a Nosferatu en el filme expresionista de F. W. Murnau.

Los gadgets, los bat-vehículos, las peleas y las secuencias de acción siguen apareciendo, aunque desde un punto de vista un poco diferente. Se podría decir que la peli da más importancia a la belleza estética que al ritmo en la puesta en escena, con un resultado más que correcto en cualquier caso.
En contraste con la ambientación navideña entra en juego el circo del Triángulo rojo (detalle que recuerda a la banda del Joker y muy del estilo de la estética del director) que sumado al mencionado ejercito de pingüinos (algunos de ellos de dimensiones gigantescas) y a la aún más exagerada atmósfera gótica de la ciudad, confieren al filme un estilo tenebroso-colorista bastante arriesgado que no gustó a todos.

Aún no declarándome ferviente seguidor de Tim Burton, creo que el toque personal que dio a esta cinta no fue sino un acierto, realizando un producto que se alejaba un poco más de su referente en papel pero con resultados innegablemente interesantes a pesar de todo.

Dictamen: IV


(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!


jueves, junio 28, 2007

Juez Dredd (Judge Dredd, 1995)


En esta ocasión repasamos las aventuras del Juez Dredd, creadas en su día por John Wagner y el español Carlos Ezquerra, y encarnadas por el mítico e incombustible Sylvester Stallone.
A la hora de juzgar –no podía ser de otro modo- la cinta en cuestión utilizaremos, como ya ocurriera en otros casos, una balanza de exigua precisión. Aquella balanza que merecen esos productos cargados de deliciosas referencias y de pequeños detalles sólo disponibles para el espectador más avezado, a pesar de que su supuesta calidad cinematográfica objetiva (si es que tal cosa existe) haya sido puesta en entredicho.

Y es que ya sólo el comienzo en versión original de Judge Dredd puede erizar los cabellos del fan más letal: la soberbia voz de James Earl Jones nos pone en antecedentes de lo que será el mundo en el tercer milenio. La Voz (la de Darth Vader) resuena con contundencia, rememorando la intro de Conan el bárbaro, y con unas tonalidades ocres en las imágenes que retrotraen paralelamente aquella extraordinaria película. Un referente al gusto del freak medio, imposible empezar mejor.

No es éste el único detalle que enlaza con la peli de John Millius; Max von Sydow también aparece aquí en un papel más extenso, como Juez Supremo y máximo valedor del cuestionado Dredd. El mítico actor, protagonista de tantas películas del cine de género más explosivo (El exorcista, Dune, Flash Gordon, etc.) otorga gran peso específico al filme, al menos para cierta parte de la audiencia. Este dato unido a algún otro, como los magníficos efectos especiales, prácticamente carentes de la tecnología digital que se populizaría poco más tarde y con una calidad en los diseños tanto a nivel de vestuario como de decorados absolutamente espectacular, así como la grandilocuente y deliciosa banda sonora a cargo de Alan Silvestri (Depredador, Regreso al futuro) en la parte instrumental, jalonada con temas de grupos tan formidables como The cure o White zombie, propicia la benevolencia incluso en los críticos más duros (o al menos debería)

Juez Dredd propone una experiencia bastante fiel al cómic, aunque con un tono autoparódico (no sé si pretendido, diría que no) que no enlaza muy bien con el sentido del humor negro, crítico y contestatario del tebeo. Stallone hace gracia irremisiblemente (se dice que en las proyecciones del trailer en las salas de cine, la gente se meaba de la risa cuando veía a Sly disfrazado) y se come con patatas al eterno sidekick en las labores cómicas. Rob Schneider resulta definitivamente empalagoso como personaje humorístico, por el contrario es imposible contener una mil sonrisas con las frases impertérritas de Joseph Dredd:
– ¡Yo soy la ley!
O cuando relata el amargo destino de su mejor amigo
– Le juzgué.

Algunos de los personajes y las líneas argumentales que aparecen en la peli no son obra directa de Wagner y Ezquerra. El film contiene gran cantidad de tramas y subtramas presentes en los tebeos y quizá, como ocurre a menudo, cometa el error de querer abarcar demasiado: Están presentes los caníbales de Las tierras malditas, las guerras entre bandas de Mega-city, la versión oscura de Dredd, Rico, creada por Pat Mills y Mike McMahon, así como el personaje de la Juez Hershey, responsabilidad de Wagner de nuevo, pero con Brian Bolland a los lápices en esta ocasión.
Se puede decir que hasta el menor detalle de la peli existe en los cómics, exceptuando que Stallone aparece sin casco en multitud de planos (impensable en el papel)
Alguna que otra duda despierta también el absurdo personaje femenino de la científica oriental, que no he podido localizar, y que en la película parece cumplir con el dudoso papel de sparring para que Diane Lane se luzca repartiendo mamporros y tirones de pelo, en una coreografía de lo más pop, digna de un par de amazonas provincianas.
- ¡Zorra!
- ¡Juez Zorra!

En resumen, Juez Dredd es una cinta propia de su tiempo (la ausencia de efusiones hemoglobínicas denota la cercanía del siglo veintiuno) simpática y divertida como pocas. Si bien puede no hacer excesivo honor al cómic, sí muestra altas dosis de respeto y admiración por el producto a adaptar, detalle que es de agradecer; tanto como las humildes pretensiones de diversión y la ausencia de posibles dobles lecturas fallidas, que pudieran emborronar el resultado final.

Dictamen: III

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!


martes, junio 19, 2007

Blade II (2000)


Una vez más Guillermo del Toro recoge el testigo con otra extraordinaria versión cinematográfica de un cómic, Blade II. Aprovechando la estética y la perspectiva otorgada al personaje para la primera cinta, se reanudan las aventuras del cazavampiros negro que en esta ocasión deberá unir sus fuerzas con las de sus habituales presas, con el fin de combatir a un nuevo enemigo.

El director mexicano aceptó la patata caliente que podría haber resultado la secuela del vampiro que caza vampiros y optó por darle un enfoque diferente, alejándose en cierto modo de las formas de la primera entrega. En esta ocasión se desarrolla una historia que cuida los tintes terroríficos con más mimo que su predecesora, y que une de forma magistral las referencias al cine de terror clásico con un estilo videojuego de esos de repartir estopa.

Blade II olvida las fuertes pretensiones de postmodernidad eructadas por Stephen Norrington y se recrea en una visión más monstruosa del mito del vampirismo. El líder de los chupasangre ya no tiene aspecto de yuppie mafioso sino que recuerda más bien al Nosferatu de Murnau. Característica que comparte con los Segadores, nuevas criaturas introducidas para la ocasión, más aproximas a los monstruos de la Universal que a los vampiros modernos de Anne Rice.

El espíritu de la cinta es espectacularmente comiquero, incluso más que en la primera entrega, a pesar de que se aleja aún más si cabe del referente literario. La escuadra de vampiros dirigida por Nyssa parece un supergrupo de héroes (o de villanos más bien) y cada componente dispone de unos minutos de gloria para ejemplificar su modus operandi y las disciplinas en las que es más hábil.
De entre todos ellos destaca Reinhardt -personaje interpretado por Ron Pearlman quien más tarde daría vida a Hellboy, nuevamente de la mano de del Toro- La cómica interactuación entre Blade y él es uno de los puntos fuertes de la peli, siempre que no se tome muy en serio.

Y es que el mayor acierto de Blade II no es sino el sentido del humor que destila en casi todos los planos. Queda claro que nadie se toma en serio la peli y que la búsqueda de la diversión sin complejos es el único objetivo. Guillermo del Toro fuerza el guión al máximo para conseguir una cinta a ritmo frenético, eliminando varias secuencias que pudieran ralentizar la trama. La acción descerebrada, pero clara y efectiva, invade prácticamente todo el metraje, con Wesley Snipes consagrándose como uno de los mejores artistas marciales, participando de una serie de impecables coreografías (ríete de Matrix) mezcla de estilos de lucha, como él mismo explica.

Muchas subtramas de la peli, como la pseudo-relación amorosa entre Blade y Nyssa o el choque generacional entre Whistler y Scout, son irremediablemente cómicas, fuera esa la intención o no. No hay más que escuchar los comentarios de la edición especial en DVD para ser conscientes de que Guillermo consideraba graciosas estas escenas, así como alguna otra con efectos digitales lamentables, que él mismo describe entre risas como una de las peores de la historia.

El guión de David Goyer es, en mi opinión, el mejor que ha firmado hasta la fecha. Ayudado por la habilidad narrativa del director, los textos resultan amenos y carentes de la torpe trascendencia que ha pretendido insuflar a otros productos, como por ejemplo en Batman begins. Esta vez escribe una de monstruos y mamporros, como requiere la ocasión, y nos dejamos de zarandajas.
Además no debemos olvidar el pequeño papel redactado para mayor gloria de Santiago Segura, con aquella épica frase en el idioma vampírico que rezaba algo así como: “¡Torrente-tres!”.

El sentido del humor y la ausencia absoluta de pretensiones, unido a una más que correcta espectacularidad visual con Snipes a la cabeza en el arte de repartir hostias, hacen de Blade II una peli digna de verse. De mis favoritas en lo que a adaptaciones de cómic se refiere, aunque en esta ocasión quede lejos la apuesta inicial en papel.

Dictamen: IV

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!


lunes, junio 11, 2007

Blade (1998)


En esta ocasión repasamos uno de esos casos en los que, aún apartándose de la premisa del superhéroe Marvel, éste sirve como plataforma para una exitosa cuasi-nueva franquicia que ha generado ya tres largometrajes y una serie de televisión.
Blade fue creado por Marv Wolfman y Gene Colan en los años 70 como personaje secundario de la serie La tumba de Drácula, más concretamente en su número 10. Originariamente el héroe se trataba de un cazavampiros y trompetista simplemente humano que clamaba venganza contra el Señor de la noche (Batman no, el otro) y contra un vampiro de blancos cabellos llamado Deacon Frost. Según el cómic creado por Wolfman y Colan, Frost habría matado a la madre de Blade en el preciso instante en que éste nacía. Debido a ello el niño se habría criado en el prostíbulo donde trabajó su progenitora y, por otro lado, habría adquirido la inusual capacidad de ser inmune a la mordedura del vampiro. Ya crecido, el chico aprenderá todo lo relacionado con los chupasangre de su amigo y mentor Jamal Afari (ex-cazavampiros que, finalmente, muere a manos del mismísimo Drácula) además de familiarizarse con la trompeta y tocar junto a él en el Slow Boy’s.
Blandiendo cuchillos de madera y arropado por un equipo de cazadores de chupópteros, Blade intentará dar caza tanto al asesino de su madre como al señor de todos los vampiros, así como a cualquier otra criatura de la noche que se le ponga por delante.

A golpe de vista, las diferencias del Blade cinematográfico con su versión en papel parecen claras. En esta ocasión tenemos un personaje de imagen real que no se parece prácticamente en nada a su referente literario.
David S. Goyer firma un guión que prescinde casi por completo de los planteamientos originales del cazador negro para reajustarlos a los tiempos modernos. Tomando influencias de aquí y allá: los juegos de rol, la perspectiva científica del vampirismo o incluso la saga de vampiros modernos de