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lunes, marzo 17, 2008

Monográfico: John Carpenter (Parte VI) Capítulo final


Ya en el año 98, Carpenter toma uno de los mitos más sobados del cine de terror en, la para mi estupenda, Vampiros. En ella James Woods, interpretando a Kurt Russell (en que estaría yo pensando) se nos presenta como el líder de uno de los equipos de cazavampiros al servicio del Vaticano que, tras perder a su grupo, se enfrentará, junto con una prostituta a medio camino de la transformación, su único hombre que quedó con vida y un cura novato en esto del vampirismo, contra nada más y nada menos que Drácula, digo Valek (en que estaría yo pensando otra vez) el primero de todos los vampiros. La película, como en otras ocasiones en su filmografía, tiene un gran sabor a Western, subrayado esta vez por la ubicación geográfica de la trama, la fotografía y la música... Algún pero tiene Vampiros, y es ese cierre tan abrupto de la secuencia de la ceremonia hacia la conclusión del film, una nimiedad, en el fondo, pero que deja un mal sabor de boca, después de haber visto secuencias tan espectaculares como la de la matanza en el motel...


Después de otro largo paron, en 2001 llego la, en general, poco afortunada Fantasmas de Marte, una película que de tan sosa y poca cosa que les quedo, decidieron deconstruir el montaje eliminando cualquier acción paralela, recurso que, aunque funciona y eleva el nivel de la película, se aprecia como forzado e incluso innecesario... Con una trama algo ridícula y una producción de serie b de los 80 que ya a estas alturas no aguanta el tipo, la película es sin duda de las menos afortunadas que ha hecho. Pese a ello, cuenta con un par de apuntes que no dejan de ser interesantes: Además de la ya mencionada deconstrucción, está la representación de una sociedad que ha evolucionado hacia el matriarcado y esos dos protagonistas que responden al clásico patrón del antihéroe carpenteriano de acción, lo que en definitiva, permitirá disfrutar al seguidor de su filmografía...


De nuevo un largo descanso hasta que, gracias a la iniciativa del nefasto Mick Garris, la serie Masters of Horror nos devolvería, esta vez en pequeña pantalla y en formato mediometraje, dos obras de este auténtico maestro del género... La primera de ellas, Cigarette Burns (editada en España en DVD como El Fin del Mundo en 35mm), es uno de los mejores capítulos de la serie (para mi el mejor, seguido del de Joe Dante, aunque el mejor valorado por muchos sea Imprint, de Takashi Miike, que a mi me horrorizo bastante, pero en el mal sentido) En el nos volvemos a encontrar con el Carpenter de En la Boca del Miedo, cinta con la que este capítulo guarda varias similitudes, tanto argumentales como estructurales, y el el que vemos un uso de la violencia inédito en su cine, al menos hasta ese momento. La experiencia y la respuesta del publico fue tan gratificante, que el año siguiente repitió con el sexto capitulo de la segunda temporada, Pro-Life, un desgraciado capítulo que, aunque empieza muy bien (de hecho su primera media hora es magnífica, en el modo que crea tensión) acaba convirtiéndose en una simple curiosidad por su alto, para tratarse de Carpenter, contenido gore, donde además aparece un tipejo a cámara lenta disfrazado penosamente de diablo, de tal modo que J. C. parece estar cachondeándose de todo el mundo y de si mismo el primero... Tan imposible es tomarse este capítulo en serio...


Y, de momento, así hemos llegado al fin. A la espera de que se materialice alguno de los proyectos que vienen anunciándose desde algunos años (cobra fuerza el de Psycopath) esta es su filmografía al completo, o casi, ya que como decía en la primera parte, ni hablo de sus cortometrajes, ni de sus dos primeros telefilms. Por lo tanto, y como es lógico, este primer monográfico dedicado a un autor consagrado en el cine de género llega al fin a su fin.

Proximamente: David Cronemberg.

jueves, febrero 28, 2008

Especial: Los muertos vivientes


Como bien apunta Robert Kirkman en el prólogo de su propia creación, y como resulta evidente al pasar por encima de las primeras páginas, Los muertos vivientes bebe directamente de fuentes cinematográficas. El cómic de zombis más popular del momento, y probablemente el de más calidad que yo haya leído, no se asienta sino en las numerosas pelis de no-muertos antropófagos que abundaron en el pasado, así como, aunque en menor medida, en las más modernas propuestas de infectados.

En ese prólogo firmado por el propio guionista de la serie, se afirma que la principal fuente de inspiración (que no la única, como veremos más adelante) para engendrar The Walking Dead, fueron las películas de zombis en las que existe una doble, e incluso una triple lectura, disponible sólo para el espectador astuto. Kirkman rehuye del punto de vista -absolutamente válido, por otro lado- en el que el zombi sin cerebro es un mero vehículo para cientos de situaciones violentas, terroríficas y, a menudo, cómicas. Por el contrario, el tebeo que tenemos entre manos se asienta más bien en el poder metafórico que el genial George A. Romero insufló a los no-muertos de sus cintas, tan válido para criticar nuestra sociedad de consumo capitalista como para poner de manifiesto cual es el verdadero enemigo del hombre, incluso en un mundo asediado por los muertos.

El primer tomo editado en castellano de Los muertos vivientes ya evidencia visiblemente la influencia de Romero. Y hablo de influencia casi exclusiva del realizador americano por lo que éste representa para el cine de terror moderno. Los zombis anteriores a La noche de los muertos vivientes (1968) o bien se encontraban próximos a las figuras de terror gótico de la Universal, revitalizadas por la Hammer en aquel entonces, o bien flirteaban con la perspectiva vudú-caribeña del fenómeno; alejados en cualquier caso del concepto que tenemos hoy día del reanimado, concepto transformado totalmente en su esencia por Romero, después de haber leído muchos de los moralistas cómics de la E.C.
Como dice el inefable Stephen King: con La noche de los muertos vivientes el cine de terror cambió para siempre, para bien o para mal.


Kirkman se vale de la esencia romeriana del no-vivo (pero tampoco muerto) cómo han hecho absolutamente todos los creadores que, en los últimos treinta años, se han acercado al género. Sin embargo el guionista americano no se queda en lo meramente superficial, como recientemente han hecho directores de gran éxito como Danny Boyle o Zack Snyder, sino que utiliza cada uno de los elementos simbólicos esgrimidos en las pelis clásicas, potenciando las relaciones entre personajes vivos y marginando a un segundo plano argumental, más aún si cabe, al verdadero motor de la historia, los zombis.

Queda claro en todos los largos de George Romero (y por ende en la mayoría de películas de zombis) que los verdaderos enemigos de los protagonistas suelen ser ellos mismos, cuando no otros humanos que aparecieran para perturbar su pequeña ilusión de paz y seguridad, obtenida habitualmente a base de mucho esfuerzo y penurias varias.
Los muertos vivientes no es ajeno a este detalle y potencia con muchísima fuerza las relaciones entre personajes, tanto las sentimentales (generalmente agradables) como las que describen conflictos de todo tipo entre los miembros de esa comunidad virtual generada por el estado de sitio. Los personajes humanos se van deshumanizando, convirtiéndose a menudo en seres lunáticos sin valores morales, dominados por las bajas pasiones y preocupados únicamente por sobrevivir. En el primer tomo ya se da buena cuenta de esto, con la primera baja importante a manos de un vivo (y de forma sorprendente diría yo)
La serie se publicita con una frase que reza “En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir”. Sugiriendo el abandono de la vida zombificada que los protagonistas atesoraban en la sociedad de consumo, para lanzarse a una desquiciante carrera por la supervivencia en un mundo dominado por los muertos.
Crítica a una sociedad anquilosada y esclava de necesidades superficiales ya vista en El amanecer de los muertos (1979)


Algunos de los elementos de las pelis clásicas del género que tenemos entre manos se trasladan casi literalmente al tebeo:
La idea del granjero que mantiene a sus familiares y amigos encerrados en el granero de su casa con la esperanza de rehabilitarlos algún día ya se vio en El amanecer de los muertos, donde algunos vivos de una barriada marginal decidían encerrarse con sus no-muertos, hasta que la poli les sacara de allí a balazos.
Otro ejemplo puede encontrarse en la trastornada comunidad guiada por El gobernador, donde éste alberga en su casa a su propia niña zombi con la intención de domesticarla, como ya ocurriera en El día de los muertos vivientes (1985) con el mítico Bob.

Como hemos dicho Kirkman se aleja del fin lúdico de algunas pelis de zombis y, aunque existe, el gore y la acción no son el referente principal. No encontraréis aquí orgías de sangre tipo Braindead ni párrocos expertos en artes marciales.
No obstante, aunque Kirkman, al igual que Romero, prefiere no desvelar el origen del mal (al menos por ahora) la serie también se fija en el cine de infectados moderno. Las primeras páginas en las que observábamos a Rick despertando en un hospital vacío, después de un periodo de inconsciencia, retrotraen claramente al comienzo de 28 Días después, así como la descripción del pueblo fantasma en el que algunos humanos perviven aislados entre muertos merodeadores.
Como anécdota se puede decir que uno de los directores (eran dos) de una de las entregas zombi de mayor éxito en los últimos tiempos, Simon Pegg, escribió el prólogo de la edición británica del tebeo. Tanto Wright & Pegg como Kirkman se muestran leales al género, y con ello triunfan en sus respectivos medios.


Kirkman compone su propia metodología respecto a las mordeduras y transmisión del mal, pero básicamente Los muertos vivientes no ofrece nada que no se hubiera visto ya antes en el cine. Sin embargo la trama tejida por el autor es arrebatadora y adictiva. Utilizando los mejores elementos de un género totalmente explotable y desarrollando personajes con una intensidad que prácticamente no tiene precedentes, Robert Kirkman ofrece uno de los mejores tebeos del momento, demostrando, además, que la originalidad no lo es todo, sobre todo cuando hoy día es casi imposible de alcanzar.

(*) Artículo publicado inicialmente en el magnífico weblog de cómics Es la hora de las tortas!!!

viernes, febrero 22, 2008

Monográfico: John Carpenter (Parte V) Una de cal y otra de arena


Tras dos años del estreno en televisión de Body Bags, en 1995 aparece El Pueblo de los Malditos, remake del clásico de Wolf Rilla del mismo título. Aún aportando a la clásica historia la paranoia corporativa, tan en boga por esos años, y un giro interesante sobre el alienígena desparejado, El pueblo de los malditos es para mi la cinta más decepcionante de Carpenter... Pocos alicientes salvo la presencia siempre curiosa de Mark Hamill y el protagonismo de Christopher Reeve, en una película que adolece de una tremenda falta de ritmo que la desmonta por todos lados, y que no despega ni por donde las peores películas de J. C. lo hacen.


Tal vez para acallar su mala conciencia por su anterior entrega, Carpenter nos presenta ese mismo año En la Boca del Miedo. De inspiración Lovecraftiana, sin basarse en ninguna de las obras del escritor, se trata de una de sus mejores películas (aunque cuente con una gran cantidad de detractores) En ella, no sólo se limita a plasmar inteligentemente las constantes de la obra del escritor de Providence, si no que realiza una importante reflexión acerca de la relación entre la ficción y la realidad, sobre la creación y sobre el poder humano de crear dioses y monstruos... Mención especial merece Sam Neill, su protagonista, que consigue darle al conjunto un elemento cómico soterrado sin perder la tensión en ningún momento.


Un año antes de que 1997, Rescate en Nueva York quedara completamente y definitivamente anticuada, es decir, en 1996, aparece en los cines su particular secuela/remake/parodia 2013: Rescate en L.A. En ella volveremos a ver a Kurt Russell interpretando a Snake Pliskin y reviviendo las mismas situaciones que en Nueva York dadas la vuelta y retorcidas de forma cómica... Imposible tomársela en serio y, por esta razón, considerada por muchos como menor que la original, goza de unas cotas de diversión en estado puro que ninguna otra cinta de Carpenter ha conseguido, no sólo por su comicidad, acción y cachondeo sano, sino debido a un ritmo que hace empalidecer al de su predecesora y sólo comparable al de Golpe en la Pequeña China. Además, para los que busquen argumentos más "serios" para alabarla, su critica política es más directa (aunque por ello menos efectiva) superando las cotas de Están Vivos.


La cuestión final sobre este film es: ¿Para cuando 2025: Rescate en Springfield?

Continuará...

martes, febrero 05, 2008

Las diez mejores pelis de terror


Creo que era James Cameron, en una entrevista dedicada a Aliens, el que decía que la popularidad del cine de terror se debía a la vida acomodaticia que llevamos en el mundo occidental. Me explico (se explica él, mejor dicho): el ser humano se caracterizaba en sus albores por su debilidad, por su papel de presa fácil dentro de la jerarquía natural. En cierto sentido echamos en falta las descargas de adrenalina necesarias en aquellos tiempos para la supervivencia, para poder correr como perros cuando cualquiera de los bichos que pululaban por la prehistoria quería hincarnos el diente, y las intentamos sustituir por pasar algo de cómodo miedo en la butaca de la sala de cine mientras comemos unas palomitas, recreándolas virtualmente a través de los sufridos personajes.
Con una idea más amplia, se puede decir que el género terrorífico es el medio perfecto para permanecer en contacto con nuestra mitad más oscura y, gracias al efecto catártico de cualquier obra de arte, poder vencerla. Una terapia contra nuestros miedos atávicos, reales o sobrenaturales, que quedan despojados de importancia al abrir los ojos hacia ellos y finalmente volver a arrinconarlos cuando se encienden las luces de la sala. Una terapia contra el mal, no sólo el que nos daña sino también con el que podemos dañar (se experimenta el papel de asesino junto al de víctima, diría yo), contra lo desconocido y, en definitiva, contra la muerte, que palpita por debajo de todo la muy cabrona. Y de vuelta al día a día más anchos que largos.
De cualquier modo, tantas horas de insano esparcimiento se merecen un articulillo. Aquí os dejo una lista con las películas de miedo que más me han acojonado y divertido.

Hellraiser (Clive Barker)


Es mundialmente conocida por haber dado pie a un lamentable juego de palabras con su título, origen del nombre de una sobresaliente bitácora del ciberespacio. Supuso el debut de Barker en la dirección de un largometraje, que dio el salto desde su faceta de novelista. Parte de la particular filosofía sexual del Marqués de Sade, para crear un argumento inteligente de principio a fin, mientras hurga en la irremediable tendencia del ser humano hacia lo perverso. Gloriosas escenas eróticas en las que se mezclan el placer y el dolor a través de imágenes grotescas (el tipo anda todo el día por ahí sin piel, sobando a la otra), junto a un impresionante diseño artístico (la caja, por encima de todo) que forma parte ya de la memoria de los aficionados junto al peinado de la novia de Frankestein o las garras de Fredy. El posterior y escaso trabajo del cineasta no la hace justicia, al igual que sus siete u ocho secuelas.

La cosa (John Carpenter)


Creo que es uno de los pocos casos en los que un remake supera a la original. Basada en El enigma de otro mundo, atribuida a Howard Hawks, introduce la idea de que el monstruito extraterrestre puede mutarse en cualquier forma orgánica que desee, lo que consigue dotar a la película de un aire de suspense que su predecesora no poseía, ya que la historia gira en torno a la sospecha por parte los expedicionarios de que cualquiera de ellos puede ser el nada amistoso visitante; atención al soberbio final abierto. Destacan también los alucinantes efectos especiales y de maquillaje, estos últimos a cargo de Rob Botin y la mil veces demostrada pericia de Carpenter a la hora de filmar en scope. La vi con unos diez años y me marcó para siempre: quién podía pensar que se puede pasarlas putas y disfrutar al mismo tiempo.

The Ring (Hideo Nakata)


Paradigma del cine de miedo nipón moderno, plantea los lugares comunes que se han repetido hasta la saciedad en las producciones japonesas que la siguieron: La niña espectral con pelo lacio sobre la cara que viene del más allá haciendo extraños ruiditos y contorsiones, el crimen violento como origen de la historia, los personajes hundidos en depresiones y la sombría fotografía con cielo nublado y lluvia como elementos esenciales. La verdad es que me pone los pelos como escarpias. Aunque es deudora directa de la fascinación oriental por los fantasmas, creo que el argumento se parece sospechosamente a uno de los mejores clásicos occidentales del género, Al final de la escalera, de Peter Medak. El posterior remake de los americanos, tan aficionados a reventar el talento ajeno en nombre de los beneficios económicos, no está nada mal tampoco, y además enseña las tetillas de esa preciosidad que es Naomi Watts.

Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott)


Scott tuvo la suerte de darse de morros con el mejor equipo de diseño artístico que pueda imaginarse para una película fantástica. Moebius, que creó las bases de la imaginería de la ciencia ficción actual (ahí es poco), y Giger, el genuino pintor surrealista de los infiernos biomecánicos y padre de la criatura. Junto a la oscura genialidad visual, destaca un argumento simple pero efectista, que consigue desarrollar a la perfección la sensación de angustia. La interpretación más graciosa que he oído acerca del film, es la de que simboliza la masculinidad (el alien y su lengua minialien como extensión fálica) en su lucha contra las féminas (la valiente teniente Ripley). A mí simplemente me parece la mejor película de sustos que haya visto.

La mosca (David Cronenberg)


Al igual que La cosa, se basa en un clásico al que supera. La historia es totalmente recurrente dentro del género, ya desde la época de Víctor Frankestein: el mad doctor y su fascinación por el éxito científico que le lleva a consecuencias no tan satisfactorias como las que esperaba. Cronenberg le añade sus propias obsesiones personales, la nueva carne otra vez, junto a su también típica y desinhibida forma de mostrar lo grotesco en pantalla, sin cortarse ni un pelo gracias a los FX propios de aquella maravillosa época para el cine bizarro-comercial que fueron los ochenta.

El resplandor (Stanley Kubrik)


Hay que reconocer que la filmografía de Kubrik no es demasiado extensa. Pero cuando paría una película, siempre creaba una obra maestra del género al que perteneciese, ahí están 2001, Senderos de gloria o El resplandor, por ejemplo. Esta última es un alarde de técnica cinematográfica; el empleo que hizo de la steady-cam supuso incluso un importante desarrollo de sus posibilidades para el cine posterior. Muchos la tildaron de fría, de mero experimento formal, entre ellos el autor del libro en el que se basa, Stephen King. Los no precisamente agradables sueños que me provocan la claustrofobia del triciclo correteando por los pasillos, el río de sangre del ascensor o el careto de Nicholson asomando por la puerta destrozada me dicen lo contrario.

La matanza de Texas (Tobe Hooper)


Es cutre, con grano por haberla hinchado a treinta y dos milímetros, y con un argumento prácticamente nulo. Un freak show de la América profunda con sangre y mierda de pollo por los rincones y caníbales endógamos como maestros de ceremonias. Unos chavalines perseguidos sin ton ni son en una granja de los horrores por un energúmeno con una motosierra durante hora y media de metraje. Es brutal, feísta y desagradable como una pesadilla. Como tiene que ser algo que pretenda aterrorizar.

Nosferatu (F.W. Murnau)



La primera de un sinfín de adaptaciones a la gran pantalla sobre Drácula. Curiosamente, la viuda de Bram Stoker no cedió los derechos para la recreación de la novela, por lo que se tuvieron que cambiar algunos detalles argumentales de la historia, siendo el más llamativo el nombre del protagonista, que pasó a ser Conde Orlock. Es una gozada visual, con su empleo de los procedimientos habituales de la escuela expresionista alemana: los claroscuros en la iluminación, el simbolismo de las imágenes, o la plasmación distorsionada de los personajes y los escenarios. En el 2000 se estrenó La sombra del vampiro, excelente película que narra, muy libremente, el rodaje de Nosferatu y que se basa en la idea de que Max Schreck era un verdadero chupasangre.

Suspiria (Dario Argento)


El bueno del realizador italiano otra vez con las constantes de su cine. Barroquismo en el empleo de la cámara y en los escenarios (la mayoría de las veces sin demasiado sentido) e imaginación bizarra sin complejos . Esta vez para una peculiar historia de brujas que regentan una academia de baile ¡¿?! Lo que más acojona es que sale Miguel Bosé dando saltitos enfundado en unas mallas ajustadas (he de decir que la gracia no es mía, pero es tan buena que merece serlo, ejem). No sé exactamente por qué, pero da verdadero miedo.

El escandaloso video de Pedro J. (Pedro J. Ramírez)

Esa calvorota refulgiendo como un cuchillo a la luz de los relámpagos. Ese decadente corsé victoriano de color rosa. Esa gigantesca hembra que le trabaja el culo como si de una tortura inquisitorial se tratara. Y, sobre todo, esa voz, esa voz afilada y demencial que susurra y me taladra los oídos en las noches de luna gibosa: “me vas a mearrrrrr, me muero de ganas”. Si habiendo visto esto volvéis a ser los mismos, es que no tenéis sangre en las venas.

jueves, enero 24, 2008

Las cinco pelis más cutres de la historia.

El mundo del terror y la ciencia-ficción da para mucho. Puedes encontrarte maravillas tipo 2001 Una odisea en el espacio o The Ring versión japo, y a su vez cacas que dicen ser de terror y en las que lo más espeluznante es pagar por verlas.

Vamos, que como ya sabemos los nominados a los premios Razzie, y en honor a esta empresa que nos hace reír tanto, nosotros vamos a realizar nuestra propia lista: Los premio Caca de Arena, los cuales me acabo de inventar con permiso de mi jefe.

La Monja: ¿Quién dice que el cine español es malo?


Luis de la Madrid creo esta mierda y se quedó tan a gusto. La productora Fantastic Factory le dio el sí (I do) y se quedaron más anchos que largos. ¡¡¡Por Dios y los clavos de una puerta!!! ¿Es que no leyeron el guión? ¿Habían visto antes Los Serrano (serie mítica) y por eso el cerebro ya no daba para más? Y lo peor es que fue escrito por Jaume Balagueró.

Por que la historia tiene enjundia. Un internado, unas niñas que son maltratadas por una monja con más mala leche que Losantos en un mitin del orgullo gay. Una muerte... y el paso del tiempo. Fallecimientos extraños, un espíritu que intenta vengarse y los típicos gilipollas que quieren averiguar qué pasa. Situaciones superdivertidas y vergonzantes, con actores españoles, finlandeses y pocas ideas.

Típica historia de fantasmas, adolescentes y muerte. De esas para olvidar y regalar a tu peor enemigo.

Aeon Flux: Viva la Ciencia-Ficción inteligente.


Esta peli está basada en un cómic de esos malos, insoportables y donde la protagonista merece morir.
La maja Charlize Theron, que ganó un oscar porque el jurado estaba borracho, demostró su verdadero modo de actuar mediante esta peli. La dirige una tal Karin Kusama (muy conocida ella en su casa, a la hora de comer) y a parte de la Theron tenemos al ex de Angelina Jolie, que sólo hizo bien Trainspotting y acostarse con la Jolie.

Nos situamos en un futuro lejano, siglo 21. Un grupo de rebeldes contrata a la asesina a sueldo Aeon Flux; en el punto de mira el presidente.
Por supuesto hay flashbacks, virus e incluso una preciosa historia de amor, que ni Cristal (famosa telenovela que vi en mi juventud, por eso de ser joven y tonta) Los efectos especiales son normaluchos, el guión lo escribieron dos que no pienso ni nombrar porque no merecen tal honor, y el resto es historia.

Lo mejor: que acaba y los modelitos de la Theron. Con eso os digo todo.

Ultravioleta: Y tiro porque me toca.


Aquí tenemos a la segunda mejor actriz de la historia (la primera es Carmen Electra)
Milla Jovovich es famosa por estar buena y por que dice que es actriz. Me creo lo primero.
Y lo mejor es que defiende esta peli intentando explicar que cuando leyó el guión se sintió identificada. Hay que joderse ¿Pero tú sabes leer, niña?

Historia bonita, bonita, bonita: Vampiros que no son vampiros, un niño en un maletín ¿?, cambio de color de pelo, ciencia ficción mala de pelotas y un malo que da menos miedo que Don Pimpón.
La actuación de esta chica simplemente GLORIOSA. La misma cara todo el rato, peleando, sufriendo y morreándose. Que placer de peli.

Náufragos. Simplemente Basura.


Odio… Odio a Peter Pan y a Maria Lidón, mas conocida por Luna. No sé por qué esta tía consigue pasta para dirigir y contratar actores majos como Maria de Medeiros, Val Kilmer o Daryl Hanna... Son preguntas sin respuesta.
Pues a parte de haber dirigido: Yo puta y Moscow Zero, la chica nos vendió esta basura.
Imaginad unos astronautas que se estrellan en Marte, intentan sobrevivir y ya de paso contactar con la tierra.
Las actuaciones son demenciales, la historia aburrida y el resto es innombrable. Efectos especiales cero, situaciones de chiste: Millones. Yo no me creía lo que estaba viendo. Y menos me creo que tuviese algún premio. Esta tía tiene por ahí un enchufe bestial por que si no, no me entra en la cabeza. En el cine la gente se iba y yo mientras sentada en la butaca sin saber que hacer.
Encima la directora dice que es actriz (es que decir que eres actriz, queda de un Cool) y se pone de protagonista pedorra, que tiene la mejor escena al final. En medio de Marte diciendo, “Que colores tan bonitos”.

Ni le doy nota, no se lo merece.

Star Wars: Especial de Navidad by George Lucas.

Sí, señores. Justo después de la primera (La guerra de las Galaxias) y del éxito de dinero, Lucas pensó en hacer un especial para televisión y en navidad. La gente preparó sus vídeos y esperó lo mejor de lo mejor, sin embargo se encontraron con un zurullo que apestaba a mierda a kilómetros.

La historia cuenta que Chebwacca quiere celebrar unos días súper especiales en su planeta y con su familia. Algo parecido a la Navidad pero conocido como "El día de la vida" (manda cojones). Y ahí Han Solo luchando por llevarle en su súper nave.
La primera media hora se basa en la familia de Chewie, a grito pelao y sin subtítulos, donde empiezas a pensar “algo falla”. Luego aparece la princesa cantando, Luke cantando (maquillado como una puerta) y finalmente todos cantando. Al amor y a la paz, eso sí.
Entre toma y toma, dibujos animados de Star Wars y el abuelo de Chewbacca que es un pajillero.

No se como describirlo. Lucas reniega de ello, los actores también.
Pero hay pruebas...




Saludos desde la isla.

martes, enero 22, 2008

Monográfico: John Carpenter (Parte IV) Sólo fantástico y de terror

Viene de aquí.

Ya en 1987, John Carpenter vuelve al género de terror con la que a mi me parece su película más espeluznante: El Príncipe de las Tinieblas. Es su primera incursión en la demonología (y última hasta Cigarette Burns) y nos narra nada menos que el advenimiento del anticristo -no en vano pertenece a la llamada trilogía del Apocalipsis- alrededor de una investigación universitaria en una antigua iglesia asediada por un ejercito de sin techos poseídos, y donde veremos entes ectoplásmicos, emisiones televisivas del futuro, portales dimensionales e incluso, si mal no recuerdo, un cadáver reanimado durante un breve lapso de tiempo.


Muchos la recordarán por la estelar aparición de Alice Cooper como capitán del ejercito de Homeless que, como los pandilleros de Asalto a la Comisaría del Distrito 13, cumplen similar función que los zombies de las películas de Romero.

Tras pasar por el terror una vez más, Carpenter decide probar suerte con una historia de futuro distópico, en una descarada crítica del neoliberalismo y el capitalismo dominante en el año 88 titulada Están Vivos.
Protagonizada por Roddy Piper, uno de los luchadores del Presing Catch de los buenos tiempos, en un personaje que debería haber interpretado Kurt Russel (y no me apeo de ese caballo) esta película nos cuenta que dentro de no muchos años la clase obrera, cada vez más pobre, está controlada por los medios de comunicación y la policía que defienden el status quo de la clase alta, cada vez más rica. Condicionando el comportamiento de la gente, por medio de mensajes subliminales, para que obedezcan y consuman.


Hasta aquí, más o menos, se trata de un documental realista, el elemento fantástico entra en juego gracias a unas gafas de sol que desvelan los mensajes subliminales y demuestran que la mayor parte de policías, dirigentes y miembros de la clase alta son en realidad feos extraterrestres.
La película, en contra de lo que pueda parecer por lo antes dicho, está realmente bien, es entretenida y no deja respiro, como ya pasaba con Rescate en N.Y. Las capacidades de Piper para la lucha coreografiada están muy bien aprovechadas (la pelea en cuestión no es muy realista pero si muy entretenida).


El gran pero del film es su final, que resulta acelerado y, como es habitual en Carpenter, tan sobrio y conciso que, en este caso, se queda en insuficiente. Aun así un film nada despreciable para los fanáticos de J.C.

Tras un largo parón de 4 años (estamos en el 92) llega la que tal vez sea la más impersonal de sus películas, Memorias de un hombre invisible. La película, a mayor gloria de Cheavy Chase (que por suerte es El hombre invisible y no hay que verle la cara en la mayor parte del metraje) cuenta con unos estupendos efectos especiales de ILM, de entre los que destaca la escena de la lluvia o la de la comida, bien dosificados y empleados en el mínimo imprescindible de los casos.


La película, que es realmente entretenida y disfrutable, cuenta con la presencia de Daryl Hanna y Sam Neill que se convierten en el punto fuerte de esta, a priori, menos interesante cinta de Carpenter.

Ya en el 93 y junto a Tobe Hooper, Carpenter se mete con un telefilm de capítulos titulado Body Bags, en el que homenajea a los cómics de la E.C. y a películas como Creepshow, interpretando a un maestro de ceremonias que presenta las tres historias, que se mueven entre lo correcto, lo cómico y lo tópico y que no tienen mayor transcendencia que la de un producto pensado para el entretenimiento de los que participaron en él, entre los que destacan, en pequeños papeles, Wes Craven, Roger Corman o Sam Raimi.


Continuaremos con la tercera y última parte de este artículo dentro de, espero, no mucho tiempo, donde hablaremos de buenas y malas películas de uno de los grandes del fantástico y del terror, cuya filmografía ya se extiende, desigualmente, a través de 4 décadas.

Continuará...

miércoles, enero 02, 2008

Especial año nuevo navideño

Cuento de Navidad (2005)


A caballo entre las aventuras de Parchís, Verano Azul y Buenas noches Señor Monstruo del Grupo Nins, Cuento de Navidad nos traslada a una añorálgica no tan remota, donde un grupo de infantes demostrará, una vez más, que los niños, pueden llegar a ser muy muy crueles, al retener durante días, en el fondo de un foso, a una fugitiva vestida de Santa Claus que puede llegar a proporcionarles un suculento botín.

En su tercer largometraje, Paco Plaza nos ofrece una mezcla de elementos que no acaba de compactar lo suficiente, y tiende a resquebrajarse a medida que transcurre el metraje. Los niños andan algo desorientados y muy sobreactuados, el título es simplemente conceptual aprovechando el periodo vacacional determinado y harto permutable, el ritmo es desacompasado y la trama peca de efectista. Si se hubiera (o hubiese) tratado de una cinta destinada a público infantil todavía puediera (o puediese) entenderse, pero estando preconcebida para formar parte de la colección de Películas para no dormir, se nos asemeja harto simplona y poco resultona. Una lástima, a qué negarlo.

Dictamen: I

No abrir hasta navidad (Don't open 'till Christmas, 1984)


La grandeza de No abrir hasta navidad (aka Don't open 'till Christmas) radica en su calidad de película mala. Mala no, malísima. Con un punto de partida tan apetitoso como la matanza en serie de todo elemento vivo disfrazado de Papa Noel, el argumento va perdiendo fuelle, debido, sobre todo a sus pésimas actuaciones y a su peor guión, inconexo, insulso y las más de las veces irrisorio.

Eso no significa en absoluto que sea una película a dejar pasar. Nada más lejos de la realidad. Su calidad de exploiting navideño, unido a un transpirable cariño por parte de su director e intérprete, Edmund Purdom, en horas más que bajas, conforma un todo enloquecido y enloquecedor, que hará las delicias de los amantes acérrimos del género. La colección de cadáveres que deja nuestro serial killer, así como sus divertidas y heterogéneas formas de asesinato, aunque cutresalchicheras, nos dejan entrever un quiero y no puedo que, el cinéfago de pro, no puede dejar pasar por alto.

Dictamen: III


Santa Claus conquista a los marcianos (Santa Claus conquers the martians,1964)


Por un lado los paupérrimos pero entrañables efectos especiales de la factoría de Ed Wood Jr. y por otra parte la mésmerica puesta en escena de los 5000 dedos del Dr. T del Dr. Seuss. Unan los dos conceptos y añádanle a la mezcla unas gotas de espíritu navideño y una pizca de comercialismo neoliberal. El resultado: Santa Claus conquers the martians.

Resulta harto complicado realizar una referencia sobre la cinta en cuestión, pues, está tan a años luz de lo que estamos acostumbrados en cuanto a películas navideñas se refiere, que uno no acaba de discernir el por qué de esa fascinación inquietante que le deja pegado a la pantalla del aparato catódico de principio a fin. Quizás sea la temática unida a la época del año que conforma un todo espiritual y benevolente. Quizás sea su surrealismo inocente. Quizás sean los deliciosos decorados de cartón piedra. O quizás, simplemente, se trate de sus diálogos recalcitatrantes y de su atrezzo anacrónico. Lo único que puedo decirles es que,desde el momento de su visionado, Santa Claus conquers the martians se ha convertido, para un servidor, en una pieza de culto para las fechas en que estamos. Y si dudan de mi palabra, esperen ver la gloriosa máquina de hacer juguetes marciana con la que el gordo navideño produce sus pedidos y ya contarán. O no.

Dictamen: V

miércoles, diciembre 12, 2007

Monográfico: John Carpenter (Parte III) A vueltas con los géneros

Viene de aquí.

Continuamos con el repaso a la filmografía de uno de los padres espirituales de este blog, John Carpenter, y lo hacemos en el mismo año que lo dejamos, 1983.


Tras el fracaso comercial de La Cosa, Carpenter decide arreglar el desaguisado rápidamente y apuesta por adaptar una novela de Stephen King, fórmula que anteriormente había dado muy buenos resultados a algunos compañeros de profesión. El resultado fue Christine, una película sobre un coche maléfico que se apodera del alma de su dueño y se dedica a atropellar a quien ose arañar su carrocería. La jugada no tubo éxito, y es que, aunque Carpenter hace un trabajo encomiable, la historia de un coche asesino no daba para demasiado en cuanto a cine de terror, más aún cuando el coche es un hermoso clásico como el Plymouth Fury que protagoniza el film.


Aun así la película cuenta con escenas soberbias como la autorreparación que hace Christine o la cómica parodia del susto final ya clásico en las películas de terror desde Carrie, de Bryan De Palma.

Con dos fracasos comerciales a sus espaldas, en 1984 J.C. decide probar suerte con una película muy similar a E.T. pero dirigida a un publico adulto, aquí la relación alien/niño es sustituida por una alien/mujer, con sexo incluido. Starman fue un éxito y supuso la nominación al Oscar de Jeff Britches (que con esta película y con Tron merecería descansar en el Olimpo del fantástico).


Es además una de las rarezas de la filmografía de Carpenter y, pese a que no suele ser de las favoritas de sus seguidores, es todo un ejemplo de cine humanista que aprovecha la ciencia ficción como vehículo para reivindicar valores como la tolerancia, el pacifismo o el afán de conocimiento como pilares esenciales de cualquier sociedad que pretenda considerarse así misma como avanzada.

Dos años después, Carpenter se vuelve a reunir con Kurt Russel en la fabulosa y divertida Golpe en la Pequeña China. En la que se nos cuenta la historia de Jack Burton, casi parodia del antihéroe Carpenteriano antes interpretado por Russel, que lucha contra demonios, monstruos y mafiosos chinos por recuperar su camión.


Se trata de una de esas películas que solo pueden entenderse dentro del contexto de los años 80, cuando languidecían los últimos cines de barrio y los cineastas eran aun capaces de tomarse a broma a si mismos. Muchos no la consideraran a día de hoy una buena película, precisamente por las mismas razones que a mí, y a muchos de sus partidarios, nos parece, no un film de culto, sino una película a la que de verdad hay que rendir culto por haber contribuido como lo hizo a nuestro imaginario particular. Divertida, pero de verdad.


Continuará...

jueves, noviembre 22, 2007

Monográfico: John Carpenter (Parte II) Un pie en la serie A

Viene de aquí.

Tras Halloween vinieron dos telefilmes, Someone’s Watching y Elvis. Este último le reporto un gran éxito y se convirtió en la primera colaboración con Kurt Russell, rescatado por Carpenter de su condición de estrella infantil de la Disney. Como no los he visto no puedo comentarlos, así que me perdonareis si paso directamente a la que es su primera película en la que se ha querido ver cierta influencia Lovecraftiana (afirmación no carente de razón) se trata de La Niebla. Corre el año 79 y Carpenter se nos planta con un cuento de fantasmas corpóreos al más puro estilo clásico, cambiando totalmente de registro respecto a su anterior película.


Se trata de una de esas historias en el que el pasado vuelve para morderte el culo, y es que la celebración del centenario de una ciudad fundada en el crimen puede cabrear incluso a los fenómenos meteorológicos. La peli se muestra sugestiva y aterradora, pero con un pequeño defecto, vemos a los fantasmas muy, muy pronto... Y es que Carpenter se plegó a las exigencias del publico de los pases previos, perdiendo misterio en favor de sangre. No me mal interpretéis, el resultado es bueno, pero intuyo que de la otra manera, fuera de modas, hubiera sido mejor. Repite como protagonista Jamie Lee Curtis, convertida ya en autentica Scream Queen (la mejor como dice Randy en Scream), aunque decir protagonista puede ser un poco exagerado ya que se trata de una autentica película coral, algo muy acertado dadas las características de la amenaza. Una advertencia, huid del remake como los protagonistas huyen de la niebla; que aparte de ser una acumulación de tópicos, posee un final absolutamente ridículo. De hecho, exceptuando la dedicatoria a Debra Hill (fallecida ese mismo año) el resto de la cinta debería ser borrado del mapa.


Tras dos éxitos en el género de terror, uno de ellos revolucionario, J.C. vuelve al cine de acción con la inevitablemente envejecida desde el mismísimo titulo 1997, Rescate en Nueva York, protagonizada por Kurt Russell como Snake Plissken, ex militar y ladrón de bancos reclutado, muy a su pesar, para rescatar al presidente (¿de qué? Los USA) que se ha estrellado en la isla de Manhattan, convertida en una macroprisión donde se destierra a los criminales del país.


Ácida y contracultural, se trata de la puesta de largo del héroe o, más bien, antihéroe Carpenteriano, heredero directo del forajido o cazarrecompensas del Western, que lucha por su vida contra el mundo, capaz de coaccionar a sus aliados y de sabotear el discurso presidencial a modo de satisfacción por la situación en la que le han colocado. La acción es incesante en la película, dando pie a un ritmo frenético bien subrayado por un sobresaliente montaje y el tema principal de la banda sonora. Sin duda una película a revisar (como hizo el propio Carpenter con la secuela/remake/parodia 2013, Rescate en L.A.)

Con esto llegamos al año 1983, el año de la que es considerada por muchos su mejor película: La Cosa, la cual se disputa el puesto con Halloween y En la Boca del Miedo.


La historia de este remake de El enigma de otro mundo se remonta a finales de los 70, con un Dino De Laurentiis impresionado por el éxito de pelis como La Guerra de las Galaxias o Alien, el 8º Pasajero, que quiere sumarse al pastel del nuevo género de moda y aspira hacerlo a lo grande, con dos películas, cada una de ellas tocando una de las posibilidades que los dos éxitos de la Fox habían abierto. Por un lado fue Dune, con el peligroso de cara a la taquilla David Lynch, un título que hubiera permitido una larguísima saga y por el otro una Monster Movie que, aún no desarrollándose en el espacio, guardaba parentescos claros con el film de Scott. A De Laurentiis la jugada le salió rana, no cosechó los frutos esperados y no creo que el haber producido dos clásicos del género le quite el picor de bolsillo que debió quedarle con dos fiascos comerciales seguidos. En el caso de Dune es bastante comprensible, la película precisa de unas buenas tragaderas por parte del espectador, pero con La Cosa el asunto no está tan claro. Si un director de serie B es capaz de llamar la atención del gran público y al tratar con un presupuesto mayor no la caga haciendo algo farragoso (de hecho en este caso es justo lo contrario) los dividendos deberían ser cuando menos razonables, pero en aquel entonces no fue así. Queda claro qué factores influyeron en esto, pese a que tampoco expliquen que así fuera: el primero se trata de un final algo deprimente para el público y el otro, no por peregrino menos real, la convivencia con el adorable E.T. de Spielberg, que pudo perjudicar la aceptación de un hijo de puta espacial. Sea como sea, la película que debería haber sido la consagración de Carpenter como director comercial, con banda sonora de Morricone incluida, fue justo lo contrario.


Habría un par de intentos más por su parte, con Christine y Starman, que tampoco resultarían, antes de volver a la serie B donde se ganaría de nuevo el favor de su público de siempre. Pero eso es otra historia que contaremos en otra ocasión.

jueves, noviembre 08, 2007

Monográfico: John Carpenter

Esta primer artículo sobre la filmografía de John Carpenter pretende ser el primero de una serie de textos relacionados con el genero de terror, añadiendo, en la medida de lo posible, un poco más de variedad a este blog.




PARTE I: ASCENSO AL MAINSTREAM

La filmografía oficial de Carpenter (de adolescente rodó varios cortometrajes) se inicia con La Resurrección de Bronco Billy, por el que, con solo 22 años, gano el Oscar al mejor corto- metraje de ficción en la edición de 1970. Lamentablemente no he podido hacerme con una copia de este corto paras poder comentarlo. De todas formas, este galardón le animo a encararse con su primer largometraje en compañía de Dann O’Bannon y en 1974 aparecería por fin la que en palabras de Dannpasó de ser la mejor película de unos estudiantes a la peor película profesional”, y es que el proyecto universitario iba tan bien que consiguieron aumentar el presupuesto y que algún incauto la distribuyera en salas y así Dark Star vio la luz.



La película en si tiene más valor por ser la base argumental desde la que luego O’Bannon escribiría el guión de Alien, el 8º Pasajero que por cualquier otra cosa, aunque cuenta con momentos realmente perturbadores como cuando aparece una pelota de playa ¿como alguien podía pensar que eso podría colar como alienígena?

Poco después aparecería el primer film de Carpenter propiamente dicho, con el que entraría por derecho en los circuitos del buen cine de serie B. Asalto a la Comisaría del Distrito 13 vio la luz en 1976 causando sensación en un festival de Londres repleto de saldos. Mil veces se ha dicho que se trata de un remake de Río Bravo (Carpenter nunca lo a negado y de hecho el seudónimo que emplea como montador, John T. Chance, es el del protagonista de el film de Hawks) y de La Noche de los Muertos Vivientes. Con todo ello el cambio de escenario resulta muy efectivo, y el tratamiento de los asaltantes que hace Carpenter emparenta la película con el fantástico y el terror sin serlo, anunciando lo que vendrá después...



En la cinta también destaca Napoleon Wilson, antecedente de Snake Plissken y de todos los personajes que interpretaría Kurt Russell en sus películas. Pero si algo quedara en la mente de los espectadores viendo la película, y que es toda una declaración de intenciones por parte de un joven cineasta, es la mítica escena del Vainilla Especial (quien la haya visto sabe a lo que me refiero y por que no doy más datos). El reciente remake es una constatación de que el presupuesto no puede sustituir al talento o al compromiso estético, si bien es una película de acción perfectamente correcta dentro de los cánones actuales, no aguanta las comparaciones con la que es una de las mejores muestras de cine independiente de genero de los años 70.

El éxito de Asalto a la Comisaría del Distrito 13 permitió a Carpenter contar con un presupuesto menos ajustado para su siguiente film, probablemente el de mayor éxito e influencia de su carrera, y así en 1978 nos encontramos con la imprescindible Halloween.



Tomando como referencia el Giallo italiano así como clásicos de la talla de Psicosis o La Matanza de Texas, además de otras series B como Black Christmas (está ultima la se de oídas, cosa que prometo solventar más pronto que tarde), Carpenter crea un psichokiller nato, más que enmascarado, sin rostro, voyeur y de capacidades casi fantasmagóricas (no en balde se refieren a el como La Forma). Michel Myers es el genuino psicópata que sienta las bases definitivas del slasher ochentero, también del posterior, y muchas de las constantes del subgénero, no digo todas ya que aquí no se juega a equívocos sobre quien es el asesino. También aparecen es esta cinta, desde el empleo de la cámara subjetiva, el leitmotiv machacón, el asesinato visto como catarsis, la relación entre sexo y muerte...
El uso del encuadre y su autoconsciencia genérica, lo de Jamie Lee Curtis no es casual, son dos de sus bazas principales, así como la tensión generada por la expectación, la banda sonora, el montaje y la atmósfera onírica la convirtieron en lo que sin duda es un gran clásico que no solo posibilito una interminable saga, sino también toda una legión de imitaciones (además de un muy próximo remake precuela). Y volviendo a hacer una de esas cosas que se tienen prohibidas, en este caso la regla de no matar animales, que se salta como hacía con la de mayor rango en su film anterior.





PARTE II: UN PIE EN LA SERIE A

Tras Halloween vinieron dos telefilmes, Someone’s Watching y Elvis. Este último le reporto un gran éxito y se convirtió en la primera colaboración con Kurt Russell, rescatado por Carpenter de su condición de estrella infantil de la Disney. Como no los he visto no puedo comentarlos, así que me perdonareis si paso directamente a la que es su primera película en la que se ha querido ver cierta influencia Lovecraftiana (afirmación no carente de razón) se trata de La Niebla. Corre el año 79 y Carpenter se nos planta con un cuento de fantasmas corpóreos al más puro estilo clásico, cambiando totalmente de registro respecto a su anterior película.


Se trata de una de esas historias en el que el pasado vuelve para morderte el culo, y es que la celebración del centenario de una ciudad fundada en el crimen puede cabrear incluso a los fenómenos meteorológicos. La peli se muestra sugestiva y aterradora, pero con un pequeño defecto, vemos a los fantasmas muy, muy pronto... Y es que Carpenter se plegó a las exigencias del publico de los pases previos, perdiendo misterio en favor de sangre. No me mal interpretéis, el resultado es bueno, pero intuyo que de la otra manera, fuera de modas, hubiera sido mejor. Repite como protagonista Jamie Lee Curtis, convertida ya en autentica Scream Queen (la mejor como dice Randy en Scream), aunque decir protagonista puede ser un poco exagerado ya que se trata de una autentica película coral, algo muy acertado dadas las características de la amenaza. Una advertencia, huid del remake como los protagonistas huyen de la niebla; que aparte de ser una acumulación de tópicos, posee un final absolutamente ridículo. De hecho, exceptuando la dedicatoria a Debra Hill (fallecida ese mismo año) el resto de la cinta debería ser borrado del mapa.


Tras dos éxitos en el género de terror, uno de ellos revolucionario, J.C. vuelve al cine de acción con la inevitablemente envejecida desde el mismísimo titulo 1997, Rescate en Nueva York, protagonizada por Kurt Russell como Snake Plissken, ex militar y ladrón de bancos reclutado, muy a su pesar, para rescatar al presidente (¿de qué? Los USA) que se ha estrellado en la isla de Manhattan, convertida en una macroprisión donde se destierra a los criminales del país.


Ácida y contracultural, se trata de la puesta de largo del héroe o, más bien, antihéroe Carpenteriano, heredero directo del forajido o cazarrecompensas del Western, que lucha por su vida contra el mun